Conociendo China (I): Región Autónoma Hui (Ningxia-noroeste de China)

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     Evidentemente, hay cosas que se presentan cuando menos te lo esperas. Este fue el caso del comunicado de Radio Internacional de China que a finales del 2013 me indicaba que estaba invitado a viajar a una de las tres regiones del Noroeste a las que había estado dedicado el concurso de conocimientos de la radio pública china y a las que viajarían los invitados de una decena de países.

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     Al “jameño” le acompañarían los vencedores de lengua francesa (un diplomático del Senegal) y de lengua hindi (un publicista de la India), junto al grupo de asistentes (una persona por idioma, personalmente tuve a la eficiente Ingrid y, en ocasiones también charlaba con la subdirectora Rocío que junto a un integrante de la redacción italiana se encargaban del papeleo y la intendencia del grupo) y las guías locales: amables, simpáticas y siempre pendientes del grupo.

     Al día siguiente de llegar a Pekín se celebraba la recepción oficial en la sede de prensa y comunicación del ayuntamiento capitalino y tras la ceremonia de entrega de los diplomas acreditativos [asistió personal de la Embajada de España] del premio, sesión de fotos, agasajo y paseo por la Ciudad Prohibida. Tras el regreso al hotel de la propia radiodifusora, saludar al personal de la Redacción Hispana y, de nuevo, una impresionante cena de bienvenida por los máximos responsables de la emisora que nos dejaba listos para iniciar el viaje al día siguiente a primera hora de la mañana. Los otros galardonados viajaron a las otras dos provincias que este año fueron el objetivo del concurso. Dicho sea de paso, estuve trabajando durante un par de semanas con todo tipo de libros para tratar de “clavar” la respuesta ante la posibilidad del viaje que resultó uno de los premios mejor disfrutados de todos los que había obtenido hasta la fecha.

     La zona se localiza en los cursos medio y superior del río Amarillo y es una de las cinco regiones autónomas de las minorías étnicas del gigante asiático. Se trata de una provincia del Noroeste de China, la más pequeña en la parte continental, cuenta con 66.400 km² y unos seis millones de habitantes. Su población autóctona es mayoritariamente de la etnia hui, pueblo musulmán que se fue instalando con el tráfico mercantil a lo largo de la histórica Ruta de la Seda. Topográficamente, la región baja de sur a norte y su altura promedio está entre los 1100-2000 metros, la máxima altura se da en las montañas Helan con 3.556 metros.

     La información localizada indicaba que la población es mayoritariamente campesina y ganadera pero, a juzgar por los polígonos industriales y las altas chimeneas, uno cree más en una realidad desarrollada y en constante expansión. Dispone de abundantes recursos mineros (esencialmente hierro y carbón) y grandes complejos hidroeléctricos que te hacen pensar en una prosperidad que se traduce en inmensos campos de plástico donde producen infinidad de alimentos, sobre todo productos hortícolas frescos.

     La provincia dispone de 711.500 hectáreas de baldío pero que pueden ser aprovechadas para usos agrícolas y en esas estaban durante nuestra estancia. Gigantescas máquinas remueven y acondicionan interminables territorios para la puesta en explotación. Otros tres millones de hectáreas de praderas se emplean como pastizales, un área de gran importancia en toda China, está entre las diez más importantes de todo el país. Es verdad que la excesiva explotación de estos pastos puede conducir a una desertización del territorio, aunque allí saben de esa realidad y por eso tratan de contrarrestar los efectos con un mayor uso del regadío.

     El río Amarillo es omnipresente en su orografía y el responsable de ese gran cambio agrícola protagonizado por la provincia gracias a centenares de kilómetros de canales que posibilitan infinidad de cultivos que serían impensables en sus casi 400.000 hectáreas en la inmensa llanura de Zhongwei-Zhongning, sobre todo si tenemos en cuenta las características orográficas y climatológicas. El curso fluvial transporta casi 33.000 millones de metros cúbicos y de esa cantidad [Ningxia] utiliza unos 4.000 que una vez canalizados, gracias a las condiciones y exposición solar de la región hacen de la zona un lugar ideal para la explotación agrícola intensiva.

     Recientes estudios indican que sus sandías, manzanas y uvas contienen entre un 15-20% más de azúcares respecto a esos mismos productos en otras regiones del país. La producción de arroz en una sola cosecha tiene un rendimiento de más de 10 toneladas por hectárea cultivada. Ningxia ocupa uno de los primeros doce puestos en cereales y trata de avanzar en la eficiencia de producción y costes derivados del uso de la tierra. Asimismo tiene otras 10.000 hectáreas de aguas utilizadas para piscifactorías, es el secreto para encontrarnos pescado fresco a miles de kilómetros del mar y, además, de excelente calidad. Destacan una gran variedad de carpas, cangrejos y gambas/camarones de agua dulce; la acuicultura se está convirtiendo en un campo de enorme potencial que atiende pedidos de las regiones del norte de la Gran Muralla China, aunque hay que batallar con los desechos contaminantes: un verdadero problema para el gigante asiático.

     La región limita al norte con Mongolia Interior, al sur y al oeste con Gansu y al este la histórica Shaanxi. Está delimitada por los grandes desiertos de Gobi (al norte) y el de Ordos (pueblo nómada de pastores de raza mongola que acabaron dando el topónimo a toda la zona), se trata de una cultura que remonta al siglo VIII aC. Entre las piezas descubiertas por los arqueólogos destacan las cabezas de animales de bronce, placas con escenas de lucha de fieras, grupos humanos con motivos eróticos, etc. Los estudiosos consideran que el arte de los ordos es una especie de puente entre el grafismo chino y la cultura de Tagar, describe un gran arco en torno a la zona y ocupa 300.000 km², junto a las bellas y enigmáticas Montañas Helan [conocida como Cordillera Helan] que conforman su peculiar paisaje natural. Su capital, Yinchuan se localiza en el valle central del gran río Amarillo y hoy es una coqueta capital de provincias con infinidad de rascacielos, impresionantes avenidas y una bulliciosa población que (prácticamente) no duerme e invade sus calles poco antes del amanecer, vistiéndola de vida y colorido a pesar del gélido ambiente.

     Las modernas autopistas comunican la provincia con todo el país; el ferrocarril enlaza la capital con Pekín (mediante la línea Baotou-Lanzhou); es el primer trazado ferroviario chino que pasa por desiertos. Su aeropuerto, moderno y funcional, mantiene una actividad frenética y constante, al menos en las fechas en las que estuve en sus instalaciones a mediados de diciembre de 2013.

     Curiosamente su población de mayoría musulmana, no se distingue por sus signos externos. Es más, en la pequeña población en la que vivo en España, cualquier día encuentras más gente musulmana [visible externamente por sus vestimentas, velos o burkas que (a veces) tapan a la mujer en su totalidad] que en esta región de China. Un hecho que choca con tus previsiones porque no lo esperas. Sólo en la Gran Mezquita me encontré esos símbolos externos que identifican una cultura y una práctica religiosa.

     Aunque no todo son parabienes, los desiertos de Tengger, Mu Us y Ulan Buh (al norte de Ningxia) presentan dificultades para el hombre y riesgos de desertización a pesar de haberla detenido en algunas zonas. Se encuentran en estos momentos inmersos en un largo proceso de reacondicionamiento y readaptación de tierras para frenar el avance sin perder producción. Esta titánica lucha del hombre contra los elementos arroja más del 23.6% de tierras arañadas al gran desierto dorado y la superficie forestal aumentó en 400.000 hectáreas.

     Asimismo libran una lucha titánica contra la contaminación industrial y de residuos y parece está logrando grandes resultados a pesar de la escoria que a veces se detecta en los grandes centros mineros que se emplea de relleno en las nuevas tierras ganadas al desierto y luego se arroja sobre ella tierra útil para el cultivo en esa lucha constante contra los medios naturales en un lugar donde la naturaleza te depara grandes sorpresas.

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    Hasta la próxima aventura China.

    Juan Franco Crespo.


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      Juan Franco Crespo, hijo de Diego Franco Portales y de María Crespo Crespo. Nació en mayo del 1953. Vivía en el número 5 del Callejón de la Parra. Fue auxiliar de telégrafos. Junto con sus padres y hermanos marchó a Cataluña, donde se hizo profesor.  


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