X aniversario de la oficina postal bajo el agua en las islas Hideaway (Vanuatu)

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     Otra oficina postal singular y sorprendente: la existente en esta liliputiense isla de la República de Vanuatu, a media hora de Port Vila (aunque sin tránsito apenas sean diez minutos), muy cerca de las impresionantes y exuberantes cataratas de Méle y el Jardín Secreto que trata de preservar (aunque bastante abandonado) la vegetación y la fauna de esta preciosa nación del Pacífico Sur.

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     También ahí podemos observar un pequeño rincón dedicado a la II Guerra Mundial que tuvo, en estas latitudes, los episodios finales y una veintena de paneles sobre la historia, la moneda, el canibalismo o las tradiciones de estas sorprendentes tierras insulares. Hideaway se nos presenta a pocos minutos de la capital de la isla de Efate y es conectada con un taxi acuático (se paga al desembarcar y antes de acceder a las instalaciones del resort en donde está la oficina que comercializa los “cheremecos” exclusivos para los turistas y las postales para depositar en su peculiar oficina de correos submarina).

     Curiosamente no se pueden escribir con bolígrafo, la tinta se corre y se borra; ellos mismos tienen los lápices con los cuales se escribe y no sufre alteración al contacto con el agua, ello permitirá que llegue a destino.

      Hideaway es una pequeñita isla que encierra ese exclusivo punto turístico que te asegura una estancia singular y tranquila, lejos del mundanal ruido. Unas instalaciones turísticas de primer orden y un bar - restaurante bajo la vegetación tropical frente al cuadrante de la oficina de correos submarina situada a unos 10 metros de la blanca playa, característica de las existentes por casi todas estas islas del Pacífico Sur y donde uno encuentra infinidad de trozos de coral que hacen las delicias de la chiquillería japonesa, australiana y neozelandesa que es la base del turismo por esta región que tiene aquí no sólo un paraíso para el submarinista, sino una peculiar oficina del servicio de correos de Vanuatu a unos tres metros de profundidad.

     El operario con las debidas medidas de seguridad se instala en un garito de fibra de vidrio construido por Fiberglass Vanuatu al que está añadido el buzón de correos en el que se depositan las postales que luego cancela con un marchamo que imprime un texto en blanco (relieve) con la marca postal vanuatense (se lo ponen difícil a los jurados ya que no es visible y se detecta (la citada marca)al pasarle la yema de los dedos o reflejando la luz de manera lateral) que, imaginamos, resulta de alto interés para los coleccionistas de historia postal y no puede obtenerse sobre papel ordinario porque el agua acaba destruyendo la pieza.

     Las postales (durante nuestra visita tenían cuatro modelos) son hechas con un material especial y de color más apagado que, por ejemplo, las españolas fabricadas en Barcelona por Escudo de Oro. El texto se escribe a lápiz o la tinta, según nos informaron, se emborrona y no supera la prueba de esta peculiar oficina bajo el agua.

     Prácticamente, desde que pasas las antenas de Radio Vanuatu, todo está centrado en esa peculiar isla y su oficina postal, única y exótica, que tratan de rentabilizar entre los adinerados visitantes pues, prácticamente, no observamos autóctonos yendo a depositar postales (cada una cuesta 3€) y no dudamos en calificar de un invento más para entretener al personal que busca otras sensaciones y luego explicará esa experiencia, única en el mundo, a sus conocidos.

      Pero, contra lo que pueda creerse, no es territorio exclusivo de los potentados económicos de la región, también hay alojamiento para mochileros que aprovechan las oportunidades del parque marino en el que se halla enclavada la islita y su fantástica flora y fauna acuática. ¡Atención! No hay televisión ni teléfono, allí el que va lo tiene que tener bien claro: toca relajarse y disfrutar de su preciosa bahía con sus pequeñas piscinas naturales (hay que llevar protectores, cada uno según su piel y tener en cuenta que en Port Vila tienen precios prohibitivos respecto a lo que nos cuesta eso en casa) y unos fantásticos bancos de peces tropicales envueltos por una relajante atmósfera tropical.

      En varias ocasiones el servicio postal de la República de Vanuatu ha emitido series para promocionar sus atractivos turísticos, Hideaway ha sido uno de ellos, no sólo en sellos y hojitas bloque, sino en enteros postales (tarjetas, durante nuestra estancia existían cuatro modelos diferentes disponibles en la garita de acceso y control) válidos para cualquier país del mundo y a precios más que prohibitivos para los nativos: 3 euros la pieza. En este país funciona otra peculiar oficina, el correo del volcán, pero ya es en la isla de Tanna y prácticamente cada día tiene una ubicación diferente de acuerdo a la actividad volcánica del momento.

     La mayor actividad postal de la oficina de correos submarina se produce con la llegada de los grandes cruceros, entonces se convierte en una de esas excursiones que colapsan la coqueta capital insular y los autocares llegan directamente desde Port Vila al pequeño muelle que los transportará hasta el complejo de Hideaway aunque, todo hay que decirlo, con la marea baja se puede llegar a ella caminando tras superar unas decenas de metros con los pies acariciados por la cálida agua del Pacífico. La isla, quizá por esta peculiaridad, es una de las más famosas de Vanuatu a nivel mundial. 

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    Hasta la próxima aventura, Juan Franco Crespo.


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      Juan Franco Crespo, hijo de Diego Franco Portales y de María Crespo Crespo. Nació en mayo del 1953. Vivía en el número 5 del Callejón de la Parra. Fue auxiliar de telégrafos. Junto con sus padres y hermanos marchó a Cataluña, donde se hizo profesor.  


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