Mi primera salida con el Club de Senderistas de Alhama

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    José Andrés Ciruela, Boti para los amigos, me lo avisó con tiempo y yo, la verdad sea dicha, tenía ganas: "El 15 de enero vamos a hacer la segunda parte del Camino Real entre Ventas de Huelma y Granada. Estás invitado", me dijo el presidente del Club de Senderistas de Alhama (que ya habrá que llamar también y de Zafarraya, por las nuevas incorporaciones). Y así fue en la mañana fresca, casi helada, de esta jornada compartí con 44 senderistas un trayecto de 26 kilómetros que recorrimos en unas 6 horas, chispa más o menos, como diría un jameño castizo. ¿Y que vi? Gente de diferentes edades y profesiones compartiendo una actividad física y mucha camaradería y buen rollo.


    Imagen: Por los caminos del Temple y la Vega de Granada
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     La salida fue en las inmediaciones de la gasolinera de Ventas de Huelma. Allí nos dejó el autobús y desde allí, un grupo entre el que predominaba el color rojo, enfiló primero paralelamente a la carretera para tras atraversarla tomar un carril que nos conduciría hasta las instalaciones del Parque Metropolitano de Escúzar. Mientras el sol se abría paso entre las nubes bajas y el hielo de la pasada madrugaba se resistía a derretirse fueron pasando los primeros kilómetros que dieron pie a entablar diferentes conversaciones con distintos participantes: que si el carnaval de 2012 está a la vuelta de la esquina, que si las relaciones de los jóvenes ya no son lo que eran, que si fulanito se ha hecho una casa estupenda, que si estamos preparando un crucero o el tramo del Camino de Santiago que haremos este año. También se habló lógicamente de lo bien que lleva el grupo José Andrés, que si no puedo participar en todas las salidas que me gustaría o que si es la primera vez que paso por este lugar.

     Con estas conversaciones, casi sin darnos cuenta, dejamos atrás la extensa llanura del Temple que, cuando avanza la primavera, se parece a un mar verde. Y dejamos atrás la Villa del salado, que es lo que en la toponimia árabe significa La Malaha. Pasamos junto a su iglesia parroquial y el domicilio particular en el que se conserva el cuerpo incorrupto de San Vicente Mártir. Desde el moderno puente se ve a la izquierda el puente romano y el torreón junto a las balsas de las salinas de donde se obtiene una sal gruesa utilizada en las industrias de jamones y para las carreteras en el caso de nevadas.

     En un pequeño, a la salida de la población se hizo el primer, alto para un breve descanso y recuperar algunas energías gracias a los frutos secos de Boti, las galletas energéticas de Nicolás Negro y Pedro Lozano. Todo ello sin saber -o al menos así era en mi caso- la empinadísima cuesta que nos esperaba tras dejar atrás la población. A partir de ahí se inició un breve descenso que nos conduciría hasta Las Gabias, en cuya plaza de la iglesia estaba programado el segundo alto. Mientras los lugareños asistían a la misa del domingo en las que nos llamó la atención el número de monaguillos que ayudaban al sacerdote durante el oficio nosotros buscábamos un banco o escalera donde reponer fuerzas. La bota de vino del terreno de Jose (Salero) comenzó a pasar de mano en mano para echarnos un buen trago y José Luis (Jomi) me ofreció un bocadillo de jamón. En esas estábamos cuando comenzó a salir la gente de misa y a caer las primeras gotas.

     De nuevo tengo que agradecer a José Luis el que se convirtiera en mi ángel de la guardia pues también me facilitó un chubasquero azul que me permitió echar la jornada sin mojarme. Desde Las Gabias el camino se tornó en bastante incómodo pues, además de los malos olores de las aguas residuales, el trayecto discurría entre el duro asfalto de la carretera o de carril bici. Atrás iba quedando la fértil vega granadina en la que las matas de habas comienzan a mostrar sus curiosas flores blanquinegras, entre frutales y algún que otro de tabaco. El restaurante La Gloria, el asador El Barco, la rotonda dedicada a la espigadora con los puestos ambulantes de naranajas del Valle de Lecrín nos indicaba que estábamos en el término municipal de Churriana de la Vega. Y a los lejos recostada sobre la ladera la ciudad de Granada de la que ya se podía distinguir sus edificios más singulares: las torres de la Alhambra y El Albayzín, y, por supuesto, a nuestra derecha la omnipresente Sierra Nevada.

     Los pies comenzaban a quejarse cuando por fin accedimos al cruce del Hipercor. Las ganas de llegar al punto propuesto como meta (la plaza de las Pasiegas, al pie de la Catedral de Granada), hizo que prácticamente todos se apuntara para disfrutar de ese momento que se produciría en torno a las dos y media de la tarde. Como los peregrinos que llegan a la plaza del Obradoiro al llegar a la plaza todos aplaudimos por haber sido capaces de llegar hasta aquí. Todos contentos, alhameños y zafarreyeros, fueron buscando algún barecillo de la calle Navas o del Paseo del Salón para tomar un aperitivo. La suerte quiso que algunos descubriésemos uno que por dos euros nos tomamos nuestra cerveza y nuestro buen plato de arroz y en la segunda ronda la tapa fue un plato de papas a lo pobre con un huevo. Cuando el reloj marcaba las cuatro y media tomamos el autobús en la puerta del Colegio de los Escolapios para iniciar el retorno e ir pensando en la próxima salida. ¡¡¡Enhorabuena a todos. Fue una jornada inolvidable!!! Así fue mi primera salida con el Club de Senderistas y espero tener la oportunidad de compartir otras con todos vosotros.



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