“… Veinte años no es nada” ¿y treinta?



Fue en febrero de 1988. Treinta años ya. Aquel grupo de jóvenes, ilusionados, altruistas, solidarios, había decidido organizar una comparsa para recaudar fondos para la Campaña contra el Hambre. Y tuvieron la deferencia de hacerme partícipe de su proyecto. Siempre se lo agradeceré.

 Así comenzamos nuestra andadura. Treinta años ya. Ese fue el origen de la Agrupación Musical Ciudad de Alhama (antes Manos Unidas). Decenas, quizá cientos, de niños, jóvenes y mayores unidos por una afición común: la música. Seguramente, también, sin que la música le interesase demasiado, alguien llegó al grupo porque pensó que a través de él podría ser útil a los demás. O, talvez, por encontrar una actividad en la que podía participar toda la familia. Quizá, simplemente, porque allí estaba la chica o el chico que le gustaba… ¿qué sé yo? El resultado ha sido un grupo cuya calidad humana, que siempre ha estado por encima de la musical, siempre he admirado. Y he de reconocer que el nivel musical alcanzado ha superado con creces mis expectativas.

 A aquella comparsa siguió el coro; y al coro, la tuna y el grupo de fandango. Cuántas horas de ensayo, y de costura, para que el domingo de carnaval la comparsa pudiese dar la talla. Y qué satisfacción, pasado el domingo Piñata, ver que nuestro esfuerzo había merecido la pena. Cuántas noches de ronda con la tuna. Y los viajes: Alhama de Murcia, Alhama de Aragón, Sierra Nevada…

 Lo más difícil, el coro. Poner en marcha una coral polifónica con personas que no tenían una mínima formación musical era casi una quimera. Y, sin embargo, funcionó. Siempre habíamos cantado composiciones sencillas, a una sola voz y acompañamiento de instrumentos; pero en el verano de 1994 ofrecimos nuestro primer concierto polifónico.

 Hoy, después de treinta años, nos queda eso, el coro, la Coral Ciudad de Alhama. Orgulloso me siento de haberlo puesto en marcha y de seguir perteneciendo a él. Pero he de confesar que no pasa por sus mejores momentos. Y no por falta de calidad musical: pienso que esta es más que aceptable. Y la voluntad de sus componentes, indiscutible. Pero algo falla. De las más de cincuenta personas con que llegó a contar, hemos pasado a menos de la mitad. Y, por circunstancias -adversas unas, propicias otras- nos hemos visto últimamente obligados a actuar con menos de quince coralistas.

 Muchas son las carencias que dificultan proyectos de esta índole. Y no es la primera vez que expongo mis quejas, por si de algo pudiesen servir. En un artículo publicado en el Anuario del Patronato de Estudios Alhameños (dos años hace ahora) me preguntaba el porqué de la deficiencia de infraestructuras en nuestro pueblo para ciertas actividades culturales; pongamos… un concierto coral o una representación teatral. Nada ha cambiado desde entonces. O casi nada: en un lejano horizonte se atisba la posibilidad de que el antiguo Cinema Pérez pudiera ser la solución definitiva. Tampoco estaría de más un local adecuado para nuestros ensayos, o algún tipo de subvención que nos permitiera organizar eventos, conciertos, cursos de formación, sin tener que sufragar los gastos con nuestro propio dinero.

 Por otra parte, comprendo que a cualquier joven le resulte mucho más atractivo formar parte de una charanga que de una coral polifónica. Y comprendo que subvencionar romerías o candelarias reporte más popularidad que subvencionar un encuentro coral. También sé por experiencia que preparar, con la dignidad que un escenario merece, una obra musical con el solo instrumento de la voz, requiere una disciplina y un sacrificio que otras actividades, musicales incluso, no precisan. Y, quizá, es ese sacrificio y esa disciplina lo que nos cuesta aceptar.

 Pero, a pesar de todo, estoy convencido de que Alhama y su comarca podrán seguir disfrutando por mucho tiempo del canto coral polifónico. Merece la pena. Tal vez la formación musical en colegios, instituto o escuela de música deba dar a esta disciplina la importancia que sin duda tiene. Seguramente el apoyo por parte de las instituciones puede ayudar mucho. Pero la solución definitiva está en manos de todos y cada uno de nosotros. Cada pueblo tiene lo que realmente quiere. Y Alhama debe querer, tiene que querer. La música, música de calidad, el teatro, la buena lectura… son también, entre otras, necesidades básicas para la persona. Para la persona que sabe que, además de alimentar el cuerpo, tenemos un espíritu que también hay que mantener en forma.

 Siempre he añorado un espacio donde poder desarrollar adecuadamente estas actividades. Muchas veces he soñado con un gran concierto del coro en el estreno de una flamante casa de la cultura. Ojalá algún día mi sueño se haga realidad, más bien pronto que tarde, antes de que el Gran Director me llame a cantar en los coros celestiales.