Juan Ortega de Prado, el capitán escalador que inició su leyenda en Alhama

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     Numerosas poblaciones de España se disputan su nacimiento. A los madrileños se les llama “gatos” por él. Todo comenzó por el heroico asalto a Alhama. Su histórica participación en la guerra de Granada está en la Leyenda.

    "ALHAMA, HISTÓRICA"
    Andrés García Maldonado

     La toma de Alhama en febrero de 1482 pasó a la Historia de España, con repercusiones en todo el mundo occidental conocido, junto con una singular relación de heroicos caballeros, como venimos recogiendo en esta sección. Uno de estos personajes más excepcionales, cuya gesta en Alhama sigue aún resonando, es, sin lugar a dudas, el capitán de escaladores Juan Ortega de Prado, del que historiadores, investigadores, descendientes y poblaciones con las que tuvo alguna relación, no dejan de interesarse por el mismo, como venimos recogiendo e informando amplia y regularmente desde hace más de cuarenta años hasta nuestros mismos días.

     Comencemos por el principio de la histórica decisión y conquista de Alhama, a pesar de estar tan adentrada en el mismo Reino de Granada y tan cerca de la capital de éste, hasta el punto de que se llegó a decir que ello supuso, durante años, “una flecha clavada en el mismo corazón del reino granadino”.

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     Tras la sorpresa y toma de Zahara en diciembre de 1481, en la que el rey de Granada pasó a cuchillo a un gran número de sus habitantes y al resto los llevó a las mazmorras de la Alhambra, y ante la inminencia de la guerra entre Castilla y Granada, espías y adalides cristianos reforzaron sus misiones para informar de la situación y defensa de fortalezas y plazas granadinas.

     Se propuso, en primer lugar, que las tropas castellano-andaluzas cayesen sobre Málaga, pero fue el capitán de escaladores Juan Ortega de Prado quien, informando al duque de Cádiz y al asistente de Sevilla, hizo que la fortaleza a tomar fuese la de Alhama, pues, como escribe el cronista Valera, los de Alhama no tomaban la debida preocupación de vigilancia y defensa, “...por estar tan metidos en el reino e la cibdad ser tan fuerte, puesta en una muy alta peña e çercada de toda parte de un río, sin tener más de una subida para la fortaleza, por una cuesta muy alta e agria”, ratificando Palencia que “...su situación y sus fortificaciones les hacían descuidar la vigilancia a sus moradores, confiados en que por la proximidad de Granada y por lo seguro de su emplazamiento nada tenían que temer del enemigo. Dedicábanse los vecinos a sus tráficos; las mujeres frecuentaban las saludables termas, alimentadas por los manantiales que allí nacen; todos vivían entregados a sus vicios y placeres, descuidando toda precaución”.

     Juan Ortega de Prado, natural de Cuenca y vecino de Carrión, según unos, de Madrid como comentaba nuestro inolvidable José Luis de Mena, de Carmona según Manuel Fernández López y, atendiendo a los documentos que recibí hace tres años, en de Villabonillos en León, como mantiene su descendiente Fernando Martínez Pariente, tenía una gran experiencia como capitán de escaladores, la que ya puso en evidencia cuando combatió junto al rey aragonés Juan II, y como quedó bien claro en el transcurso de los primeros años de la guerra de Granada, llegando sus gestas a entrar en la leyenda.

     Juan Ortega era un ejemplo de adalid fronterizo. Hernán Pérez del Pulgar, quien conoció, trató y compartió hazañas con Ortega de Prado, escribió sobre los mismos, en una carta que envía a Pedro Navarro desde el Salar, quizás inspirándose en Juan Ortega, que “...éstos, como quiera que los moros son astutos en la guerra y diligentes en ella, los que han sido en los guerrear los conocen bien y saben armalles. Conosçen a qué tienpo y en qué lugar se ha de poner la guarda, dó conviene el escucha, a dónde es neçesario el atalaya, a qué parte el escusaña, por dó se fará el atajo más seguro e que más descubra. Conosçe el espía; sabrála ser. Tiene conosçimiento de los polvos, si son de gente de pie, y cuál de cavallo o de ganado, y cuál es torvellino. Y cuál es humo de carbones, y cuál de ahumada; y la diferencia que ay de almenara a la candela de los ganaderos. Tiene conosçimiento de los padrones (lindes) de la tierra, y a qué parte los toma, y a qué mano los dexa. Sabe poner la çelada, y dó irán los corredores, e çevallos si es menester.

     Tienen conoçimiento del rebato fechizo, y cuál es verdadero. Dan avisos. Su pensar continuo es ardiles, engaños y guardarse de aquéllos. Saben tomar rastro, y conoçen de qué gente, y aquel seguir. Tentarán pasos e vados, e dañallos o adoballos según fuere menester.

     Y guían la hueste. Buscan pastos y aguas para ella, y montañas o llanos para aposentallos. Conoçen la dispusiçión para asentar más seguro el real. Tentarán el de los enemigos. Irán a buscar y traer lengua dellos (prisioneros que informen), que es muy necesaria. Tienen continuo cuidado de mirar el campo, de noche los oídos desçolvados, de día los ojos no çerrados. Porque así es: debaxo de la pestaña de la atalaya, está la guarda del pueblo, gente y hueste”.

     Como dice Juan de Mata Carriazo, estos adalides fronterizos, consecuencia de una constante experiencia y de una tradición secular, fueron un factor muy decisivo en el transcurso de la guerra de Granada, desde el mismo comienzo de ésta con la toma de Alhama. El marqués de Cádiz, al igual que los grandes señores, les daba un trato especial, manteniéndolos en sus propios palacios. Juan Ortega de Prado, el más destacado escalador de su época, siendo también capitán de ellos, fue reconocido y distinguido como un gran caballero más.

     Sería el mismo Ortega de Prado quien señalase el itinerario más adecuado para que las tropas castellano-andaluzas llegasen hasta Alhama, y en especial cuando, ya en el mismo reino granadino, avanzaron varias noches, situándose al amanecer del día 28 de febrero de 1482 a una media legua de Alhama, en el llano de Dona.

     Ya en Dona, se mandó que “apeasen hasta doscientos escuderos (también dan los cronistas la cifra de trescientos), y que fuesen uno en pos de otro, a distancia de dos lanzas de armas, llevando delante al escalador y los adalides que llevaban los trozos de las escalas”.

     Llegados a los muros de la fortaleza de Alhama, Ortega de Prado subió el primero, y tras él quince personas (se afirma también que fueron hasta treinta) entre los que se encontraba Martín Galindo, alcaide de Marchena; Juan de Toledo, un tal Estremera y los alcaides de Antequera y de Archidona. Entraron en la barbacana y, puestas las escalas, subieron al muro principal del castillo, donde sólo encontraron a un soldado que mataron así como a otro que estaba dormido, recorrieron toda la fortaleza y prendiendo a varias mujeres entre las que se dice se encontraba la mujer y una hija del alcaide musulmán de Alhama, en aquellos días éste de viaje en Vélez-Málaga.

     Acto seguido, abrieron la puerta de la fortaleza que salía al campo, y por ella entró cuanta tropa castellana pudo caber en el castillo, tomándose así la fortaleza e iniciándose la lucha por la ciudad, en la que Ortega de Prado volvería a ser un esforzado capitán más. Tras la conquista, permaneció en Alhama, al menos, hasta el primer socorro a la misma por el duque de Medinasidonia, durante la segunda mitad de marzo de 1482.

     La heroica actuación de Juan Ortega de Prado, y en especial la demostración de su gran calidad de escalador en Alhama, llegaría, como comentaba José Luis de Mena, a que se llamase “gastos” a los madrileños, dado que, como algunos historiadores han llegado a afirmar, pudo ser mucha la relación de éste con la hoy capital de España. Igualmente, como bien sabido es, algunos historiadores han atribuido las escalas en el escudo de armas de la ciudad de Alhama “...a la hazaña de Ortega de Prado”, como afirmó, entre otros, De la Rada y Delgado, criterio que, no sé si erróneamente, no comparto, como en distintas ocasiones he expuesto y publicado, aunque, lógicamente, puede ser un planteamiento con cierto fundamento.

     Siguió destacando Ortega de Prado en sus importantes misiones en los siguientes años de la guerra de Granada. Así le vemos como es el capitán de escaladores en la recuperación de la fortaleza de Zahara, llevando a cabo prácticamente similar estrategia que en Alhama, en octubre de 1483.

     Cuando en enero de 1485 se proyecta la toma de Loja, estando el ejército castellano acampado en los prados de Antequera, “...se presentó Ortega de Prado, hombre muy a propósito para estas expediciones; que había tenido el principal papel en la toma de Alhama y en la recuperación de Zahara -escribe Palencia-, y que a una singular destreza reunía ánimo esforzado y una resolución acompañada de suerte... Al día siguiente de haber salido don Fernando de Sevilla llegó él a visitar a su mujer; pero la reina le envió inmediatamente al rey, que le descubrió el verdadero propósito de la expedición”.

     Se hizo creer a los musulmanes que el rey cristiano iba a tentar la resistencia de la ciudad de Málaga, aunque cuando llegaron hasta Loja, quizás por el propio criterio de Ortega de Prado, comprendieron que la sorpresa sobre Loja no era posible, por lo que el rey ordenó el regreso sin intentarla.

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    Boceto del escudo de Juan Ortega de Prado, relacionado con el concedido por los Reyes Católicos a Alhama

     La última hazaña y muerte de Juan Ortega de Prado esta también en duda, situándola unos en la fortaleza de Mijas en septiembre de 1485. Ésta, por ejemplo, nos la narra así Juan de Mata Carriazo, basándose en el cronista Varela: “El escalador Ortega de Prado, que había ido a Marbella por orden del rey, para tentar las fortalezas que habían quedado sin rendir en el Algarbe malagueño, que molestaban mucho a los cristianos, vio, el 15 de septiembre, que Mijas estaba en buena disposición para escalarse; lo que comunicó al conde de Ribadeo, alcaide de Marbella, que salió a la empresa con ochenta caballos y trescientos peones. Aún se agregaron cien combatientes más, que a esa sazón desembarcaron en Fuengirola.

     Acercándose a Mijas, Ortega puso sus escalas, en que había trece trozos, y en el último fue sentido; pero saltó en una torre con treinta seguidores, matando al alcaide y a su mujer y a otros centinelas, y tomaron dos torres más, con lo que tuvieron la fortaleza. Más los moros reaccionaron desde la villa, y entraron por fuerza en el castillo. Ortega de Prado dio voces al conde que mandase subir la gente, que tenía ya la fortaleza, pero ni el conde ni los otros señores pudieron hacer subir a ninguno más, por mucho que porfiaron. De suerte que los moros volvieron a cobrar su fortaleza, y de los escaladores sólo pudieron salvarse trece o catorce, “los siete tumbando por las escalas e los otros siete por el muro, donde algunos se quebraron las piernas e otros los braços. Y entre aquestos fue mucho ferido Ortega de Prado; e así él e los otros que escaparon llegaron donde la gente cobarde estava, por la poquedad de los quales se perdieron allí hombres muy buenos y esforçados, e quedaron los moros con su fortaleza”.

     Otros historiadores y la misma documentación que posee Fernando Martínez Pariente, la sitúa dos años después, en el asedio de Málaga, en 1947, escalando en la toma de Gibralfaro. Personalmente me inclino por la primera posibilidad, ya que Gibralfaro no llegó a escalarse y, desde lo de Mijas, no he encontrado nota o referencia alguna sobre Ortega de Prado en las distintas campañas que tuvieron lugar durante los años de 1486 y 1487. Lo que quiere decir que seguiremos, como otras personas lo están haciendo, en la busca de la aclaración y afirmación de estos datos, los que en modo alguno ponen en duda la singularidad de este heroico capitán de la guerra de Granada que, con su hazaña, inicio el enfrentamiento guerreo de la misma.

     Así pudo ser, lo manifiesto únicamente como una hipótesis más, que los reyes, al dar escudo de armas a la ciudad de Alhama, por aquellos mismos años, también en homenaje a Juan Ortega de Prado, que tan excepcionalmente les había servido y al que en tan justa estima habían tenido, incorporasen al mismo las escalas, haciéndolo a la par significando las heroicas resistencias de las tropas castellanas a los distintos asedios que, tras su toma, soportaron por parte del rey de Granada.

    BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
    -”Historia de la Guerra de Granada”, Juan de Mata Carriazo Arroquia, en “Historia de España” dirigida por R. Menéndez Pidal, Tomo XVII, Volumen I, Espasa-Calpe, S.A., 1978.
    -”Cartas de la frontera de Granada”, Juan de Mata Carriazo Arroquia, Al-Andalus, XI, 1946.
    -”Un reino para nuestra historia”, Andrés García Maldonado, “La Comarca”, 1º trimestre, Alhama de Granada, 1992, y “Anuario 1992 de Alhama Comarcal”, Alhama de Granada, Enero 1993.
    - “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar” de Pascual Madoz, páginas dedicadas a “Alhama” de las que son autores José de Toledo, Antonio María Espejo y Antonio Cabezas, Madrid, 1845.
    -“Juan Ortega de Prado, el capitán de escaladores que hizo historia en Alhama”, Andrés García Maldonado, “Hojas de Historia de Alhama”, Rincón de la Victoria, Mayo 1998.
    -“Los personajes de los romances de Alhama”, Andrés García Maldonado, Ayuntamiento de Alhama, 1998. Agotado, tuvo una segunda edición en 2004.
    -“La bandera oficial y el escudo heráldico de la ciudad de Alhama de Granada”, Andrés García Maldonado, Ayuntamiento de Alhama, primera edición febrero 1994; agotada, se efectuó una nueva edición dentro de la colección “Camino de los Ángeles-Alhama para siempre”, 2009.
    -"Isabel la Católica y Alhama", Andrés García Maldonado, Publicación Conmemorativa del V Centenario de la Muerte de Isabel la Católica, Ayuntamiento de Alhama, 2004.
    -“Juan Ortega de Prado, el heroico capitán de escaladores”, Andrés García Maldonado, Publicación Anual del Patronato de Estudios Alhameños, febrero de 2012.

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