Muley Hacén, el último sultán al que perteneció Alhama

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     Hace años, bastantes, ya escribimos en varias ocasiones de Muley-Hacén en relación a su histórica e importante relación con Alhama, como se ha reflejado en la serie “Isabel”. Su pérdida al ser conquistada por los cristianos fue, en definitiva, el inicio de su fin como sultán de Granada. Sus reiterados intentos por recuperarla supusieron una verdadera desesperación para él. El valor de los que la defendieron, contra tan duras arremetidas por parte de las tropas granadinas, quedaba para siempre reflejado en las tres escalas que los Reyes Católicos situaron en el escudo de armas que dieron a tan preciada, por ambas partes, ciudad-fortaleza.

    “ALHAMA, HISTÓRICA”
    Andrés García Maldonado
    Muley Hacén, el último sultán al que perteneció Alhama

     Muley Hacén, rey de Granada desde 1465 hasta poco después de la conquista de Alhama por los castellanos, puso bien de manifiesto su interés por la ciudad de Alhama. Primero, mimándola como uno de los lugares más atractivos de todo su reino y, después, esforzándose retiradamente, llegando casi hasta a la desesperación, por recuperarla tras ser ésta tomada por los cristianos.

     Muley Hacén, conocido también por los nombres de Abú Hassam, Abul Hasán ó Muley Hassén, destacó ya como príncipe heredero de Ismail III en las luchas internas del reino granadino y en sus ataques a fortalezas y poblaciones castellanas de las fronteras de Andalucía y Murcia.

     Los historiadores no determinan exactamente como fue la subida al trono de Muley Hacén. Unos afirman que recibió la corona por abdicación de su padre, otros indican que fue por la muerte del aquél, mientras Hernando de Zafra, que tan directo cocimiento tuvo de la familia real granadina en las últimas décadas de ésta en el trono de Granada, habla de que fue el mismo Muley Hacén quien, aliándose con el pueblo granadino descontento, lo destronó enviándolo preso a la fortaleza de Salobreña, donde murió.

     “De este modo subió al trono de Granada Muley-Hazen -escribió De la Rada Delgado-, no siendo extraño que quien hizo escabel de su ambición a su mismo padre, precipitase al abismo de perpetua desventura al pueblo que le concedía el poder soberano, arrancándolo de las manos de un rey adornado de grandes cualidades para serlo.

     Antes o después de su elevación al trono, que esto no está esclarecido, habíase enlazado Muley-Hazen con la hija del decapitado Ebn-Otsman, sin que sea dado explicar al historiador como pudo amar al matador de su padre la hija del rey vencido, mujer notable, cuya notable figura, tipo perfecto de todas las buenas y malas cualidades de su raza, sobresale con tristes colores, pero con imponente y digna actitud, en medio del confuso cuadro que presentan los últimos años de la dominación árabe en España, de aquellos hijos del desierto que obedeciendo a una ley de raza y á pesar de las brillantez de los tronos que tan pronto elevaban como abatían, nunca lograron establecer un imperio duradero, abrasados por el latente fuego de la discordia”.

     Lo cierto es que Muley Hacen sube al trono de Granada en el año 1465 y comienza a vivirse en el reino de Granada un periodo de esperanza, aunque este fue bien corto. Sus primeros pasos en el gobierno demostraron firmeza. Rehizo el ejército e, incluso, consiguió conquistar algunas fortalezas de manos de los castellanos. Todo esto comenzó a venirse abajo cuando Castilla y Aragón se unieron por el matrimonio de los Reyes Católicos, siendo ya insuperable para las armas musulmanas el nuevo estado que nacía en la Península Ibérica.

     En aquellos momentos, el reino de Granada mantenía la presencia del Islam en España, ya durante dos siglos y medio, de un modo a primera vista anacrónico. Si esto pudo ser así, lo fue por la división existente entre los cristianos y por las mismas situaciones interiores que en ese largo tiempo se dieron en Castilla, mientras que el reino nazarí tuvo cierta fortaleza propia, contando con una numerosa población y con prosperidad económica, a la par que, por su situación y una política de verdadero equilibrio, supo ayudarse de sus hermanos africanos frente a los cristianos de la península y de los cristianos contra los musulmanes de África, sabiendo aliarse en cada momento con el más fuerte.

     Juan de Carriazo, en breves palabras, nos hace una interesante división del reinado de Muley Hacén: “Como el de su contemporáneo Enrique IV, se divide en dos periodos de signo contrario; uno de prosperidad, unión interior y éxitos militares; otro de ruina, desunión y derrota. Y en Granada, como en Castilla, la vida privada del rey explica, y en mucha parte determina, la tragedia del reino -llegó a tanto el desenfreno del emir, que dio preferencia sobre su esposa a una cristiana llamada Zoraya, abandonando a su esposa Aixa y a los hijos habidos con ella-. La línea divisoria de ambos periodos pasa entre la conquista de Zahara y la pérdida de Alhama”.

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     Muley Hacén, activo y emprendedor, había decidido hacer la guerra a los cristianos, rompiendo las treguas pactadas -las que también habían sido violadas por los cristianos en distintas ocasiones-, tomando por sorpresa la fortaleza de Zahara, pasando a cuchillo a muchos de sus habitantes y llevándose como esclavos a otros muchos hasta la misma Granada, lo que supuso júbilo en parte del pueblo granadino y desasosiego en otra parte, pues vislumbraban que ello, al final, traería desventura para el reino.

     Y así fue. Aunque los Reyes Católicos ya tenían decidido iniciar la guerra contra Granada, este hecho la adelantó con la decisión y culminación del propósito de los nobles castellano-andaluces de un desquite. En este caso, con la toma de Alhama por sorpresa aquél último día de febrero de 1482, el 9 de moharram del 887 de la Hégira.

     La noticia de la conquista de Alhama por los cristianos desoló a Muley Hacen, así como a todo el pueblo granadino. No olvidemos que nuestra ciudad era una de las más preciadas del reino de Granada. Centro de la industria mahometana, depositaria, merced a su ventajosa posición, de ingresos públicos y dotada por la mano de la providencia de saludables aguas medicinales, era lógico que fuese Alhama una de las más estimadas joyas de la corona de los nazarís.

     Inmediatamente preparó su ejercito, entre cincuenta mil y cien mil peones y de tres mil a cinco mil de caballería, presentándose en Alhama a los cuatro días de haber sido tomada por los cristianos, el 5 de marzo de 1482, asediándola durante veinticinco días, con continuos asaltos que, una y otra vez, pusieron bien en prueba el valor y temple de los soldados de ambas partes, pero que no dieron resultado positivo para Muley Hacén, hasta el punto de que ante los fracasos de las arremetidas contra las murallas alhameñas, decidió dificultar el abastecimiento de agua, lo que, igualmente, costo numerosas vidas tanto en conseguirla como en evitar que así fuese.

     Tuvo que ser para Muley Hacen y los suyos tremendamente dramático ver el campo que circundaba las murallas de Alhama lleno de cadáveres musulmanes, los que habían arrojado de la ciudad los cristianos para evitar su hedor, actuando a la par los perros hambrientos, hasta el punto de que los granadinos, al no poder acercarse para recoger y enterar a los suyos, fueron matando a los perros con sus ballestas, por lo que se escribiría “Que ni los perros quedaron que no fueran muertos o prisioneros en Alhama”.  

     Teniendo noticia de que se acercaba un importante ejército cristiano en socorro de los defensores de Alhama, apesadumbrado, Muley Hacén tuvo que levantar el cerco a finales de marzo y retornar a Granada.

     Como tantas veces se ha escrito y como sufría el mismo Muley Hacén, Alhama se había convertido en “una flecha clavada junto al mismo corazón de su reino”, a un paso de su capital, para preocuparla a cualquier momento, y en posición para perturbar las comunicaciones entre Granada y Málaga y Ronda, como parte esencial que era del camino real nazarí que unía la capital del reino con su segunda más importante población, Málaga.

     La preocupación de Muley Hacén por Alhama le hace preparar su ejército nuevamente en pocos días y el 14 de abril pone nuevo asedio a la ciudad-fortaleza. El 21 de aquél mismo mes ordena el rey de Granada un asalto general a la fortaleza, el que se inicia con éxito pero que termina en desastre.

     Sobre este segundo asedio, crónicas musulmanas recogidas por Eguílaz Yánguas, nos dicen: “Pasado algún tiempo tornaron los musulmanes a poner apretado cerco a Alhama y deseando ardientemente apoderarse de ella, escalaron un sitio del muro desguarnecido por los cristianos. Pero se frustró su ventura; porque, apercibidos éstos, acudieron en gran número contra los asaltantes, a los cuales pasaron a cuchillo, precipitando a muchos desde lo más alto de la montaña en que está situada la ciudad. La mayor parte de las víctimas eran de Baza y Guadix”.

     Poco días después, ya hacia finales de abril de 1482, un poderoso ejercito castellano-andaluz avanza hacia Alhama bajo el mando del mismo rey Fernando el Católico, volviendo a tener que levantar el cerco Muley Hacen, volviendo este a Granada donde, la actitud del pueblo, tras este segundo fracaso, con un descontento creciente, se hacía más inquietante para el soberano granadino.

     En el mes de julio, el de chumada 1ª del Islam, se tuvo noticia en Granada de que “El rey de Castilla había entrado en territorio musulmán a la cabeza de una numerosa hueste -escribe el cronista árabe-. Reuniéronse los habitantes de Granada, preguntándose los unos a los otros cuál sería la intención del enemigo; pero muy en breve llegaron nuevas de que el rey de Castilla había parecido delante de Loja y asentando ante sus muros su campamento con el propósito de apoderarse de ella”.

     Tras esto, el cronista musulmán, indica que salió de Granada hacia Loja parte del ejército y “acometiendo a los cristianos, los derrotaron, apoderándose de sus grandes piezas de artillería. Nuevas fuerzas musulmanas, mandadas aquella noche por el Emir Abulhasan, vinieron a reforzar á los defensores de Loja y, habiendo retado a los cristianos a nueva batalla, los volvieron a derrotar con gran matanza, dejando en manos de los granadinos sus tiendas de campaña, copiosos víveres, su artillería y una gran cantidad de pólvora. Tuvo lugar esta victoria el 27 de Chumada 1ª del año 887 (15 de julio de 1482)”, situándola Carriazo en el día anterior.

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     Por estos mismos días, el descontento creciente de los granadinos con su rey y la tensión de la familia real granadina, estallan, haciéndolo en el momento menos oportuno para Muley Hacén y para el mismo reino, cuando las tropas cristianas, con el rey Fernando a su frente, derrotadas emprendían una desastrosa retirada de Loja.

     El cronista árabe recogió así el hecho del inicio de la guerra civil en Granada: “Llegaron nuevas a Loja de que Abu Abdallah Mohammed y Abulhachách Yúsuf, temeroso de que el sultán Abulhásan, su padre, de condición arrebatada e irascible, les quitase la vida por sugestión de su concubina, la cristiana Zoraya, se habían escapado de la Alcazaba durante la noche, de acuerdo con su madre y ayudados de sus parciales, y refugiándose en Guadix, donde habían sido proclamados, ejemplo que siguieron Almería, Baza y Granada. Influyó grandemente este suceso para hacer más cruda la guerra civil, pues el odio y encono entre ambos bandos llegaron hasta el punto de matar Abulhásan a su propio hijo Yúsuf. Alzada Granada por el Emir Abu Abdallah (Boabdil), huyó su padre el Emir Abulhásan a Málaga”.

     Como nos expone Carriazo, algunos cronistas cristianos adelantan el levantamiento de Boabdil contra Muley Hacén al día en el que éste último retornó a Granada tras su fracaso en su segundo asedio sobre Alhama y, precisamente, como una consecuencia del mismo. Concretamente, Bernáldez escribió: “Después que el rey moro Muley Hacén volvió de Alhama en Granada sin la toma, luego fue gran división entre los moros, e alzaron por rey a Muley Baudili...”.

     Al ser Boabdil derrotado y hecho prisionero en la batalla de Lucena, en abril de 1483, Muley Hacén vuelve a Granada y es repuesto en el trono, aunque ello no supuso que la sedición se cortase, como escribe el cronista musulmán anónimo, quien agrega “...ni se extinguió el fuego revolucionario. Hallábase el emir afectado por una especie de epilepsia que le atacó a la vista y le produjo agotamiento en todo el cuerpo. Dios le castigó, además, con varias desgracias. Al fin fue depuesto y conducido a la ciudad de Almuñecar, en la cual residió hasta su muerte. Sucedióle en el dominio del reino su hermano Mohamed”, se refiere a el Zagal.

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     Muere Muley Hacén, en el castillo de Mondújar, en 1485, el 868 de los musulmanes, tras veinte años de reinado. De un reinado que, como escribe Álvarez de Morales, siempre es difícil de juzgar y, más aún, cuando han transcurrido ya más de quinientos años. Sus acciones, además de por el carácter del mismo Muley Hacén, estuvieron también condicionadas por las circunstancias, pero “por lo que la historia nos deja adivinar, entendemos que en esta lucha final Muley Hacén, que comenzó siendo un monarca duro pero justo, terminó convirtiéndose en un déspota”.

     Se cuenta que Muley Hacén pidió a Zoraya el ser enterrado en el pico más alto de Xolair, después denominada Sierra Nevada, donde nadie turbase la paz de su espíritu, en las nieves eternas donde solo reina el silencio y cerca de la compañía del cielo infinito, por lo que recibió sepultura en el monte más alto de toda la Península Ibérica, por lo que, como bien sabido es, dio nombre al mismo.

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