XLIV Certamen Literario de la Biblioteca Municipal

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    Premios en femenino. Las premiadas leyeron los trabajos seleccionados del XLIV Certamen Literario de Alhama.

    08/10/2005.- En la noche del viernes, 7 de octubre, se celebró en el salón de actos del ayuntamiento la gala de entrega de los premios de la XLIV edición del Certamen Literario “Ciudad de Alhama”. En este acto que contó con escasa asistencia y estuvo presidido por el alcalde de Alhama, Francisco Escobedo, las galardonadas, Josefina Solano, Adelina Pérez y la joven alhameña, Natalia Grande, leyeron los textos galardonados “Amapolas de sombra”, “Palabras de Dulcinea” y “A media noche en el castillo”, respectivamente. Antes fueron felicitadas por la concejala de Cultura, Sonia Jiménez; la directora de la Biblioteca Municipal, Mari Paz García Prados y el presidente del Patronato de Estudios Alhameños, Andrés García Maldonado, quien ofreció una charla sobre el paso de Miguel de Cervantes por la comarca de Alhama y las huellas de personajes de esta tierra en la obra cervantina como la maga Cenotia que aparece en "Los trabajos de Pérsiles y Segismunda" cuyo personaje es muy probable se base en la primera mujer cirujano conocida, Elena de Céspedes. Además esta alhameña coetánea de Cervantes tuvo otra singularidad dado que fue transexual y adoptó como varón el nombre de Eleno de Céspedes llegando incluso a "matrimoniar". Su biografía ha sido estudiada por el doctor Maganto Pavón y es muy probable que sea publicada por el Patronato de Estudios Alhameños. Cerró el acto el primer edil felicitando al jurado, a las gandoras y a la Concejala de Cultura. Así mismo, aprovechó para señalar que se está trabajando para mejorar las infraestructuras para acoger este tipo de eventos y cómo desde el ayuntamiento se continuará "apostando por el Certamen Literario". Posteriormente los asistentes fueron invitados a pasteles y cava. 

    Primer premio de poesía: AMAPOLAS DE SOMBRA

    a: Josefina Solano Maldonado

    Josefina Solano Maldonado, 1er. premio

    Crecen amapolas de sombra
    en los páramos infinitos del insomnio
    donde habito.

    Hay una noche con luna
    que derrama óxido sobre el menguante
    de la melancolía.

    En mitad de esta vigilia de cristal roto,
    entiendo mí existencia en dos dividida:
    antes de ti, después de ti.

    Cuando tú no estabas era mi tacto más corto,
    mi carne portadora de la inocencia primaria,
    y mis labios inexpertos en el beso.

    Josefina en el momento de recoger su galardónDespués de ti supe qué era
    alcanzar la victoria
    en el campo de batalla de la piel,
    combatir en la cima del abrazo,
    disputarme contigo las caricias,
    mano sobre mano entrelazadas.

     Luego te fuiste
    Y el péndulo del reloj
    marcó inmarcesible tu ausencia.

    En el cúmulo inagotable de minutos dañinos
     te alojé en los suburbios de la memoria
    para tenerte cerca.

    Quiero apartarme del dolor que grazna
    como un cuervo,
    quiero volver al ayer por la puerta de mi sangre,
    para ser un siamés de tu alma.

    Quiero que las estrellas de esta noche fría
    dejen de nevar sobre mis ojos
    para no llorar.

    Todo es un diálogo húmedo con la vigilia,
    con la resignación necia, con el secreto...
    Hoy he sido sin ti, ahora soy sin ti.

    Sin ti soy un cansancio,
    una marioneta solitaria danzando en
    la escena de una representación valleinclanesca,
    sin ti soy otra vez el sarcasmo
    de los que se llaman cuerdos y están locos,
    sin ti he descubierto la profundidad exacta
    de la herida que hizo
    el cuchillo de la distancia.

    Dame tu silencio oscuro
    para que lo colme de palabras como antaño,
    para alcanzarte en el idioma
    que sólo conocen los que aman.

    Dame la forma exacta de tu ser
    para moldearla a la forma de mi ser.

    Dame la promesa de tus besos
    para que agote esta tristeza milimétrica
    de amapolas crecidas en la sombra.



    2º premio de poesía: Adelina Pérez: PALABRAS DE DULCINEA

    de: Adelina Pérez.

    Adelina Pérez en un momento de la lectura de su texto

    Ved que soy Dulcinea ¡oh, mortales!
    Los que tenéis ese libro en la mano,
    Ese deleite que escribió Cervantes
    Mezclando lo divino con lo humano.
    Yo recibía el más puro amor
    De cuantos caballeros hubo amantes.
    Yo era el norte de sus pensamientos,
    Ya os lo contaré más adelante.

    Me dicen y me cuentan y se ríen:
    Yo no cuento ni río, sólo callo.
    De caballero hidalgo, pero loco
    Soy la dama: me envía sus regalos.

    Cuando venció al moliner gigante,
    Oro invisible recibió mi mano.
    Es para su destino lo importante
    Saber que sus triunfos yo comparto.

    Y de fino diamante fue el presente
    Después de liberar los justiciados.
    Aunque no comprendieron su deseo,
    Y fueron cada uno por su lado.

    Y al defender ¡Dios mío! mi belleza
    Fue la ofrenda bálsamo perfumado,
    Pues no soy bella, no, todos lo saben:
    ¡Bella1 El mismo lo ha inventado.

    Como Dios dijo: ¡LUZ!, él dijo: ¡DAMA!
    Su palabra mi mente ha enyugado:
    Su voluntad y fe de caballero,
    No su esposa, su “par” me ha consagrado.

    Y reta a caballeros misteriosos
    Por hacer de mi nombre el más nombrado
    sea ciego el amor, eso no importa:
    Del amor nace amor y yo le amo.

    Llega hasta aquí la claridad, la luz
    De esta historia de amores, enredada,
    Pero tiene su sombra y su dolor:
    DULCINEA es Aldonza la paisana.

    Tuve dos padres, que madre no tuve
    Don Miguel y Quijote de mi alma
    Mas ninguno, dueños de mi creación
    Se acordó de concederme el habla.

    El alcalde de Alhama entrega el premio a Adelina¿Qué temían de mí? ¿Que como Sancho
    Desbordase un enredo de palabras?
     ¿o que poco entendida en cetrería
    Confundiese el neblí con una pava?

    Bien que supieron dibujar condesas
    De fina toca y damascada falda...
    Ya tanto amor me tiene confundida:
    Yo no sé bien a quién Quijote ama,

    ¡Si una vez que me vio cierto, en persona
    Se creyó que había sido encantada!.
    Encantos inventados, de seguro
    Y, mientras cuentan, yo sigo callada.


    Nadie me ha preguntado si me gusta
    Estar en hornacina levantada.
    Ahora no lo diré, que ya no es tiempo,
    Ni por decir sí o no cambiará nada.

    Pero vosotros que inventáis historias
    Fingidas, o verdades noveladas,
    Que no hagáis como el insigne manco:
    Apropiarse de todas las palabras,

    o tan sólo a duquesas dar su parte,
     Contar su atuendo y su fina gasa.
    ¡Que Aldonzas, Maritornes y Violantes
    Todas tengan su puesto en esta danza!



    Premio Juvenil Local: A media noche en el castillo

    de: Natalia Grande Escobedo


    Natalia Grande, lee su texto premiado

    Os voy a contar un acontecimiento que ocurrió hace mucho tiempo. Una historia que jamás ha ocurrido en la larga historia de este pueblo. No os podría decir si fue de verdad o no, o que me lo imaginé, pero lo que sí es que me cambió totalmente la vida.
     
     Era una de aquellas mañanas calurosas de julio cuando me encontraba yo sentada en un banco de una de las plazas de mi pueblo con un castillo a mi izquierda. Estaba, como siempre, aburrida puesto que nunca ocurría nada emocionante, hasta que mis ojos se clavaron en un objeto que estaba allí tirado y abandonado. Lo cogí sin pensarlo y lo abrí. Mis ojos se abrieron como dos ventanas al salir el sol por la mañana sin dar crédito a lo que veía: una especie de plano, al menos lo parecía, se mostraba ante mí con centellas de líneas de diversos colores que las pude diferenciar a base de un intenso esfuerzo por lo deteriorado que estaba. Unas líneas marrones dibujaban lo que debería de ser el edificio al que perteneciera aquel plano; otras, de color verde, dibujaban los jardines, árboles, palmeras y arbustos de aspectos y tamaños diferentes; de una línea verde, que dibujaba un árbol en el interior del edificio, partían cuatro líneas rojas que iban a todas direcciones; y por último, en la esquina inferior de la derecha, había un extraño símbolo de color negro. La verdad es que me sonaba de algo la estructura de aquel edificio, así que, me puse a pensar. No sé cuanto tiempo estuve allí parada, con la mirada fija en el plano y pensando. Estaba ya anocheciendo cuando por fin me levanté de un brinco: ¡Ya lo tenía! ¡Claro! ¡Era el castillo que había a mi izquierda! Grité saltando de alegría hasta que me di cuenta de que unos ojitos me miraban con preocupación. Era mi hermano menor, Javi, que esperaba a que le dijera algo. Yo solo me limité a decir:

    - ¿Quieres entrar esta noche ahí? - le pregunté señalándole el castillo esta vez a mis espaldas.

    Natalia es felicitada por el alcalde de AlhamaMi hermano respondió con una sonrisa y yo se la devolví.

    Era medianoche cuando nos encontrábamos enfrente del castillo sin saber cómo entrar puesto que no había puerta que nos permitiera la entrada.

    -Ya, pero es que en este caso no hay puerta. Bueno sí, pero cerrada. Pero... ¿me estas escuchando?-preguntó mi hermano al ver que no le prestaba atención, sino que me había quedado mirando la pared del castillo. Miré a mi hermano y comprendí que quería saber qué había descubierto. En la pared estaba dibujado el mismo símbolo negro que había en el plano. Se lo señalé y al tocarlo algo sucedió: el símbolo desapareció y en su lugar apareció una puerta pequeña que nos permitió la entrada al castillo ascendiendo unas escaleras de piedra. Ninguno de los dos dijo nada. Minutos más tarde, estábamos dentro, en medio de un jardín en el que por todas partes había hierbajos, dos o tres palmeras y numerosos arbustos. Como era de noche nos habíamos traído linternas para guiamos y no perdernos. Javi se agarró a mí y, juntos, nos introducimos por un sendero que, a mi parecer, conducía al interior del castillo. Lo seguimos y encontramos un pequeño patio con un gran árbol en medio. Me acerqué a él y en un destello con la luna llena vi algo que brillaba. Cogí a mi hermano, callado y con el plano en su  mano, le dije que me dijera qué veía. Javi solo dijo que esta vez había sido él quién lo había visto, y haciendo la misma maniobra, tocó el símbolo haciendo que el árbol se partiera en dos dejando ver unas escaleras de piedra que descendían a la oscuridad. Ya abajo, en una sala redonda iluminada por velas, abrimos el plano y vimos que algo raro sucedía. Al fondo de la sala, no había cuatro túneles; sino cinco. Contamos mil veces las líneas rojitas del plano y siempre eran cuatro; no obstante, nos introducimos en todos ellos hasta hallar con el que no aparecía en el plano y al instante adivinamos por qué. Dos de ellos estaban cortados por grandes piedras que, seguramente, se habrían desprendido del techo, pero averiguamos que uno conducía a una iglesia puesto que pudimos oír los cantares y el otro nunca supimos a dónde llevaba. Otro túnel conducía al río en el que pudimos ver a gente bañándose. Otro fue alucinante el recorrido: anduvimos horas y horas hasta que dimos con un tobogán hecho de piedra. Nos tiramos gritando y dando volteretas como en los parques acuáticos solo que sin agua, hasta que vi una luz brillar al final que cada vez se hacía más y más grande. Salí dándome un fuerte golpe contra el suelo duro en el que había aterrizado. Levanté la cabeza y al momento sabía dónde me encontraba: estaba en el Ayuntamiento al pie de las escaleras; pero, ¿por dónde había entrado? De pronto, oí gritos que cada vez se acercaban más y más a mí. Una luz salió de la boca de la figura del tigre que había en las escaleras dejando salir a Javi de un salto que cayó encima de mí. Y por último, llegamos al número cinco. Entramos a una sala enorme, pero vacía. Solo encontramos a los dos lados de la sala estatuas de hombres bien vestidos, con una mano tendida y la otra llevando un arma, y en el fondo de la misma, en un altar, se hallaba un viejo libro. Lo abrí y se lo leí a mi hermano.
     
    - Somos los señores del castillo. Todo aquel que haya encontrado el mapa nos habrá encontrado y habrá encontrado todo los que nos pertenece. No esperéis riquezas por que no las tenemos. Pero sí algo de utilidad. Miradnos.

    Al leer esto, nos dirigimos a las estatuas corriendo y dándoles la mano a cada uno de ellos, hallamos lo que un niño puede desear: gigantescas salas repletas de juguetes fabricados hace mucho tiempo. Disfrutamos jugando cada noche aunque solo fuéramos nosotros dos, por que el secreto del castillo no lo pudimos, ni podemos revelar nunca. Una aventura que jamás olvidaré.

    Finalistas 2005

    Las tres premiadas posan para ALHAMA COMUNICACION

    Texto y fotos: ANTONIO ARENAS.

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