Una novela plasmada de sentimientos y realidad

Con “El resto de bondad que nos redime” Antonio Robles ha querido recuperar su historia familiar cargada de anécdotas, historia y emociones, así como resarcir la justa memoria de algunos de sus familiares.

 Los que tuvimos la suerte de presenciar esta presentación, el pasado 3 de mayo de 2024, puedo asegurar, que no nos pasará indiferente, y ya llevamos unas cuantas en nuestro haber. Antonio se presentó tal como es, ligero de equipaje, con un voluminoso tomo en las manos, haciendo sitio en la mesa del salón del hogar del pensionista de Santa Cruz del Comercio, pero acabando en un sitio preferente de la estantería, y es que en la mesa no iban a caber tantos recuerdos, sentimientos como emociones. Y no, no fue una presentación al uso más, se trataba de “sacar del armario” a su propia familia, con sus luces y sus sobras, en un relato novelado, pero de acontecimientos vividos y recuperados. 

“El resto de bondad que nos redime”

  • Luis Hinojosa: “Esta novela no está basada en hechos reales; esta novela cuenta hechos reales”.
  • María Dolores Álvarez: El libro despierta sentimientos y emociones difíciles de verbalizar. A medida que iba leyendo fue muy grato descubrir que conocía a muchos de sus personajes.

 Comenzó el acto Antonio Robles con una breve introducción de lo que vendría más adelante, pero recordando la fatalidad de la casualidad de que, la presentación de sus dos últimos libros, coincidían con la muerte relativamente cercana de algún familiar muy próximo, no quiso extenderse mucho en esta primera toma de contacto ya que el prólogo de la presentación correría a cargo de Luis Hinojosa y María Dolores Álvarez, para después el mismo Antonio introducirse en el túnel del tiempo, pero en esta primera intervención dio las pistas de lo que vendría más adelante; un relato crudo y desnudo, la historia familiar contada de forma novelada, con algunos nombres cambiados de personas y lugares, pero que los presentes reconocían perfectamente y asentían con la cabeza mientras se verbalizaban algunos de los datos del contenido. Antonio solamente ha realizado una tirada de cincuenta ejemplares, y buena parte de ella está en poder de la familia, por lo que los ejemplares a la venta son muy pocos, y seguro que no quedará ninguno cuando el lector este leyendo esta crónica, pero Antonio lo tiene claro: “Quiero lectores, no compradores”, de hecho el consejo para los vecinos y paisanos, tanto asistentes como interesados, es que ninguna familia compre más de un ejemplar, y que se lo pase a otros familiares y vecinos interesados en este relato novelado, una vez lo hayan leído, y en el que también muchos de sus paisanos se ven reflejados. 

 Antonio ha tenido que hacer un esfuerzo ímprobo para un relato fidedigno, puesto que se ha tenido que sumergir en la historia de los años y décadas en las que describe a alguno de sus familiares, imaginen una película de época, pero en el pensamiento, queriendo ser lo más fiel y real posible al tiempo y a lo acontecido. Horas de grabaciones, de charlas con familiares y recopilación de datos, de cartas y documentos desempolvados… Un esfuerzo que Antonio presentó con mucha carga emocional, y que tuvo que interrumpir precisamente por ese cúmulo de emociones que se vinieron a los ojos y garganta.

 

Intervención de Luis Hinojosa

 Hace unos años, bastantes ya (fue en el verano de 2009), Antonio nos presentaba en el patio del ayuntamiento su obra “Memorias de Santeña”. ¡Buena acogida tuvo aquel libro! Y no solo en Santa Cruz. Estoy seguro de que la mayoría de los aquí presentes lo conocen. Me hiciste entonces el gran honor, amigo Antonio, de contar conmigo en dicho acto. Siempre te lo agradeceré.

 Recuerdo que mi intervención, dividida en dos partes, presentaba en la primera una breve semblanza del autor en la que, aparte de sus muchos valores intelectuales y humanos, quise resaltar el gran apoyo que Antonio supuso para mí en nuestros años de formación en el Seminario de Granada. En la segunda, expresaba mis impresiones sobre aquella obra que, por deferencia de su autor, yo ya había leído y que, dado mi interés por lo más próximo, lo más cercano a nosotros, nuestra historia, nuestro vocabulario, nuestras costumbres; y, dada la gran capacidad de Antonio para contárnoslo de la forma más amena, no podía tener otro resultado que aquella magnífica obra que desde entonces podemos disfrutar.

 No te he pedido permiso, querido amigo, (porque temía que no me lo concedieses) pero quiero añadir a aquellas mis palabras de entonces, dos pinceladas de nuestro común amigo Andrés García Maldonado.   Andrés, conocido por la mayoría de ustedes, es abogado, periodista, historiador… y a él debemos el escudo y bandera de nuestro pueblo, además de la breve reseña histórica del mismo de la que se entregaron ejemplares a todos los vecinos. Pues, en una ocasión en que Andrés y yo nos vimos, tras haber leído él dicha obra, me dijo: “el libro de tu paisano Antonio Robles es la mejor historia que sobre la comarca de Alhama se ha escrito”. Años después, en el verano de 2022 yo presentaba dos libros míos (prosa y poesía). Andrés y Antonio, entre otros, me acompañaron en aquel acto. Si alguno de ustedes estaba presente aquella tarde, tal vez recuerde las palabras de Andrés: “Antonio Robles, un auténtico hombre del Renacimiento”. Así, como aquellos famosos y polifacéticos italianos Leonardo da Vinci, Miguel Ángel… o nuestro inmortal Cervantes, en torno al cual y su universal ‘Quijote’ giraba nuestra reciente celebración del Día del Libro.

 En cuanto a la obra que hoy Antonio nos presenta, creo que debe ser el propio autor quien nos revele, hasta donde él crea conveniente y necesario, los entresijos que su trama encierra, el doloroso drama familiar que entre sus páginas vamos a descubrir, la laboriosa y larga investigación que ha tenido que llevar a cabo… Pero yo quiero compartir con todos ustedes los sentimientos que en mí se despertaron con su lectura.

 Sabía yo desde hacía años que trabajaba Antonio en la elaboración de esta obra. Han sido innumerables las horas y muchos los años que a ella ha dedicado. Y, sabiendo que el contenido me iba a interesar sin duda alguna, y conociendo la calidad literaria de su autor, deseaba poder tener algún día el resultado en mis manos. Y esto llegó en el verano de 2022. Un día Antonio me entregó una bolsa de papel que contenía un tocho de unas mil páginas tamaño folio y me dijo: “toma, quiero que lo leas y me des tu opinión sincera antes de su edición definitiva”.

 Poco tardé en ojear las primeras páginas de aquel libro, cuya lectura temí que se alargaría demasiado, ya que tenía entre manos algunos otros asuntos a los que también tenía que dedicar tiempo. Pero, nada más empezar, su lectura me ‘enganchó´ (palabra que solemos utilizar cuando una obra nos atrapa de tal manera que desearíamos poder leer sin parar hasta su final).

 Comienza la obra situándonos en los primeros años del siglo XX y presentándonos a los hermanos Manuel y Antonio Robles Nieto. El primero es sacerdote y acaba de ser destinado a Fonteña (me permito aclarar que con este nombre el autor se refiere a Fuentes de Cesna). El segundo, regenta la posada de La Cruz (Santa Cruz) y está enamorado de una chica joven del pueblo, que trabaja, junto a otras dos mujeres, allí mismo, en la posada. A Justa (la tita Justa) podemos considerarla como una hermana adoptiva: los padres de Manuel y Antonio, dueños de la posada, la habían adoptado siendo niña, al quedar huérfana tras el terremoto de 1884.

 Recuerdo yo al menor de los hermanos, Antonio (el abuelo de nuestro autor). Recuerdo haberlo visto algunas veces, pocas, sentado junto a la gran chimenea de la posada. Nunca hubiese imaginado que aquel hombre menudo y callado cargase sobre sus espaldas con un pasado tan triste. Del mayor, Manuel, solo conocía un dato que en repetidas ocasiones oí a mi padre: “al cura Robles le gustaba muchísimo el baile; y donde quiera que se enteraba que formaban uno, allí estaba él con la sotana ‘remangá´ bailando”.

 No era esto lo peor de D. Manuel. Ni siquiera yo me atrevería a decir que esto fuese malo. Pero sí su trayectoria sacerdotal que, benévolamente, podríamos calificar como poco ejemplar y edificante. Y, sobre todo, su carácter manipulador, que conduciría a su hermano Antonio a un matrimonio no deseado, obligado a romper con el amor de su vida.

 Esto, el carácter pusilánime de Antonio, los celos y otras circunstancias adversas van a desembocar en una familia rota, amargada, llena de odio y rencor. Características, algunas de ellas, que tampoco van a ser ajenas a la siguiente generación. Supongo que todo ello ha llevado a Antonio Robles a titular la cuarta parte de este libro como “Casa de fieras”.

 Probablemente muchos de ustedes hayan leído libros, tipo novela histórica, o hayan visto películas que nos presentan como “basadas en hechos reales”. Esta novela no está basada en hechos reales; esta novela cuenta hechos reales. Pero, afortunadamente, tampoco el autor ha tenido que inventar un final feliz para no dejar en mal lugar a su familia. Afortunadamente, la situación familiar se fue normalizando, aunque algunos miembros de la familia no viviesen lo suficiente para verlo. Y, afortunadamente, Antonio Robles ha podido titular la quinta y última parte de este libro y la obra en su conjunto como “Ese resto de bondad que nos redime”. Como Josefa, su madre, le diría en alguna ocasión: “hijo, a lo mejor la gente no es tan mala como parece”.

 Este argumento que te atrapa y absorbe, unido al estilo literario de Antonio, impecable, ameno y atractivo hacen que, bajo mi humilde punto de vista, nada tengan esta obra ni su autor que envidiar a esas otras obras que, bien promocionadas y apadrinadas, se venden como churros en las grandes superficies.

 Gracias, Antonio, por darme a leer esta obra, como otras, antes de ser publicada. Por recabar mi opinión. Por, incluso, aceptar mis sugerencias. Me siento orgulloso y honrado por poder contarme entre tus amigos. Orgulloso y afortunado debe sentirse también nuestro pueblo, Santa Cruz, por contarte entre sus vecinos. Y espero que algún día todos te lo sepamos reconocer.

Muchas gracias.

 

 

Intervención de María Dolores Álvarez Ruiz

Buenas tardes, paisanos.

 Lo primero es darle las gracias a Antonio por haber vuelto a confiar en mí invitándome a participar en la presentación de este magnífico libro.  Es para mí un orgullo y un placer.

 El día que Antonio me confió su libro pidiéndome que lo leyese y le diese mi opinión, confieso que me asusté un poco porque, al cogerlo y comprobar lo que pesaba aquel ‘tocho’, pensé: “¡Dios mío de mi alma! ¡¿Cuándo acabaré yo de leerme esto?!”

 De tu arte de narrar y de tu estilo sencillo y elegante no tenía la menor duda. Ya lo pude comprobar en Memorias de Santeña”. Pero, amigos: este libro es muy diferente. En este libro, el autor se abre en canal para dejar al descubierto parte de su vida en una historia desgarradora. Te engancha desde las primeras páginas. Está tan bien narrada que al momento ubicas a los personajes y empatizas con ellos. A unos les coges cariño, otros te producen ternura y… a alguno que otro hasta lo aborreces.

 El libro despierta sentimientos y emociones difíciles de verbalizar. A medida que iba leyendo fue muy grato descubrir que conocía a muchos de sus personajes. Pero hoy solo voy a hacer mención de una mujer, una mujer que todos los que aquí estamos tuvimos la suerte de conocer: nuestra querida “Josefa la posá”, pieza importantísima de esta historia, donde deja de manifiesto su gran fortaleza y su capacidad de perdonar.  En definitiva, me he sentido parte de la historia y hasta un poco culpable o responsable de pertenecer a una sociedad que cometió tan magna injusticia. ¡Qué pena, amigos, qué pena y qué impotencia sentí cuando descubrí que un falso testimonio, un malentendido, unos intereses económicos o la maldad, pudieron causar tanto DAÑO Y DOLOR! Tanto que, a día de hoy, ciento veintidós años después, algunos descendientes todavía sufren al recordar aquella sinrazón.

 Cuando la mayoría de nosotros hacemos lo imposible por tapar en la familia algún asunto feo, este hombre ha tenido la valentía y el coraje de sacarlo a la luz y, además, plasmarlo en un libro.

¡Olé tú, Antonio! ¡Olé tú!

 Creo sinceramente que te debemos estar agradecidos porque, con este relato, nos has dado una gran lección a todos: Lección de valentía, honestidad, generosidad y justicia. Y para con los tuyos, has tenido un gran derroche de BONDAD. Toda tu familia en general, y tu abuela Encarnación y tu tío Salvador en particular, estarán muy orgullosos de ti. Porque, al escribir Ese resto de bondad que nos redime, te has desgarrado el alma para que cada uno de ellos ocupe el lugar que merece.

Enhorabuena, amigo Antonio. Y… gracias. ¡Muchas gracias!

 

 

 

 Vídeo del acto