Las pantanetas de Alhama y Cacín se han naturalizado hasta convertirse en ecosistemas cargados de biodiversidad

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     Zorros, jinetas, grandes rapaces, reptiles, anfibios, pequeñas aves migratorias. Todos ellos cuentan con un eje natural en el que vivir, moverse y comunicarse a través de territorios situados entre el norte y el sur de la provincia de Granada. La maraña de ecosistemas que recorren los cursos de agua de las comarcas de Alhama y el Temple han formado un interesante camino natural, cargado de vida y que se apoya en grandes y pequeñas obras de ingeniería hidráulica. Presas, embalses y contraembalses, derivaciones de aguas y lo que llaman pantanetas. Estas infraestructuras realizadas por el hombre se han naturalizado.

     Con los años, poco a poco, la naturaleza ha recuperado posiciones y ha aprovechado la presencia del agua para generar territorios especialmente ricos en vida animal y vegetal. Decenas de especies no se han hecho rogar y ocupan el territorio sin importarle que forme parte de estructuras de hormigón, puentes, canales de riego, o saltos de agua para generar electricidad. La clave está en que hay alimento para todos y se dan los eslabones de la cadena trófica: cada uno come y, a la vez, es comida de otros.

     Los ríos Alhama y Cacín son los mejores ejemplos de esta naturalización que se pueden encontrar en la provincia de Granada. El primero de ellos forma la llamada pantaneta de Alhama, que se cuenta entre los espacios naturales de Andalucía, ya que en el año 2010 se incluyó en el Inventario Andaluz de Humedales. Técnicamente es una derivación del embalse de los Bermejales. Su cubeta y entorno es hábitat de más de un centenar de especies, sobre todo aves acuáticas y de ribera, lo que supone la presencia de pequeños y medianos mamíferos.

    Desconocido

     Mientras la pantaneta de Alhama es un espacio naturalizado, reconocido por todos, incluso por la administración ambiental, otro de los puntos clave para el desarrollo de la biodiversidad entre las dos comarcas del suroeste granadino, es un gran desconocido. Es el contraembalse de los Bermejales, una infraestructura al que los habitantes de la zona llaman la pantaneta de Cacín y que se ha convertido en un verdadero paraíso natural que sorprende en un territorio en el que dominan los olivares, secanos y tajos arcillosos. El río Cacín, que es el principal aporte del gran pantano de los Bermejales, discurre tras la presa por una serie de cortados y bajo tajos que crean profundas gargantas inalteradas desde el neolítico y que ahora son un recorrido semiturístico para senderistas expertos con puentes colgantes y pasarelas.

    Contraembalse

     Tras los tajos, el Cacín se remansa. Discurre por una zona más llana y abierta hasta llegar a la población que da nombre al río, y poco después, en dirección hacia Moraleda de Zafayona, el agua se encuentra con la presa del contraembalse de los Bermejales. Forma una laguna alargada de tamaño medio, con aproximadamente 900 metros de longitud desde la cola de la pantaneta hasta la presa y una anchura máxima de 200. Los alrededores están rodeados de pinares de repoblación en la zona de la presa y campos de olivos y cereal en las más alejadas de las infraestructuras que regulan el caudal hídrico. La escasísima presencia humana, mucha agua, y lugares donde protegerse, han facilitado la presencia de más de un centenar de especies animales que, en unos casos, utilizan las aguas y riberas para invernar, y en otros los utilizan ahora en primavera para nidificar y reproducirse.

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