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¿Por quién doblan las campanas? Ah, no... que ya no doblan

Una iglesia que durante más de cinco siglos ha hecho sonar sus campanas necesita ahora guardar silencio para protegerse de sí misma.

 Tomo el título de una de las novelas más conocidas de Ernest Hemingway, 'Por quién doblan las campanas', ambientada precisamente en la Guerra Civil española, y, también, precisamente para hablar ya de su silencia desde hace unas semanas, porque en Alhama ocurre hoy algo distinto; las campanas ya no doblan.

 Durante siglos, las campanas de la iglesia de la Encarnación han marcado el ritmo de la ciudad. Han anunciado las horas, llamado a los fieles, acompañado el último adiós a los difuntos, celebrado las fiestas y advertido de los acontecimientos extraordinarios. Su sonido forma parte de la memoria colectiva de generaciones de alhameños, pero, sin embargo, desde hace unas semanas ese sonido ha desaparecido.

 Aunque no existe una confirmación oficial sobre las razones, distintas fuentes próximas al templo apuntan a que las campanas habrían dejado de tocar porque las vibraciones podrían agravar el delicado estado de las cubiertas. Si realmente ese es el motivo el símbolo no puede ser más elocuente: una iglesia que durante más de cinco siglos ha hecho sonar sus campanas necesita ahora guardar silencio para protegerse de sí misma.

 Pero, incluso aunque esa explicación no llegara a confirmarse, existe otro silencio mucho más evidente y difícil de ignorar: el silencio de las instituciones.

 La parroquia permanece cerrada desde 2018 por los graves problemas detectados en la cubierta. Han transcurrido ya casi ocho años. Durante este tiempo se han sucedido informes técnicos, estudios, anuncios, reuniones, visitas institucionales, compromisos y fotografías. Los vecinos han asistido a explicaciones, declaraciones de buenas intenciones y promesas de colaboración entre administraciones. Incluso han salido a la calle para reclamar una solución urgente.

 Y, sin embargo, la realidad sigue siendo la misma y la iglesia continúa cerrada.

 La cubierta presenta un deterioro que cualquiera puede apreciar desde el exterior, sobre todo en las horas en el que el sol resalta la sombra del desnivel que va afectando al tejado, a la cubierta.

 No existe un calendario que se conozca y nos que permita saber cuando se reanudarán las obras que resuelvan el problema, ni mucho menos cuando podrá reabrirse el templo.

Cinco siglos de historia contemplan sus muros

 La iglesia de la Encarnación no es un edificio cualquiera. Es uno de los monumentos más importantes, o el más importante, de la historia de Alhama y del antiguo Reino de Granada. Fue la primera iglesia levantada tras la conquista cristiana de 1482, construida por decisión de Isabel la Católica sobre la antigua mezquita mayor. El historiador Andrés García Maldonado sostiene además que la propia reina contribuyó a sufragar su construcción con la venta de parte de sus joyas.

 Cinco siglos durante los que el edificio ha sobrevivido a guerras, terremotos, epidemias y cambios políticos de toda clase.

 Resulta difícil comprender que el mayor peligro para su conservación llegue ahora, en pleno siglo XXI, cuando existen administraciones públicas especializadas en patrimonio histórico, recursos técnicos infinitamente superiores a los de cualquier época anterior y una sociedad plenamente consciente del valor cultural de sus monumentos.

Las responsabilidades son compartidas

 Pues, aunque las responsabilidades son compartidas no son idénticas. El Arzobispado de Granada, como propietario del edificio, tiene la obligación de velar por su conservación y de mantener informada a la comunidad sobre el futuro del templo. La Junta de Andalucía posee competencias en materia de patrimonio histórico y debe impulsar las actuaciones necesarias para preservar un Bien de Interés Cultural de esta relevancia. Las administraciones locales y el resto de instituciones tampoco pueden limitarse a contemplar cómo pasan los años sin que la ciudadanía perciba avances reales. Porque el tiempo también deteriora los monumentos, y el tiempo perdido nunca se recupera.

 Lo más preocupante quizá no sea el estado de la cubierta, sino la sensación de resignación que empieza a instalarse entre los alhameños. Después de tantos años, muchos ya no preguntan cuándo abrirá la iglesia. Simplemente han dejado de esperar una respuesta.

 Las campanas, que durante siglos fueron la voz de la ciudad, han terminado convirtiéndose en el mejor símbolo de esa situación. Su silencio no es únicamente la ausencia de un sonido familiar. Es el recordatorio cotidiano de un problema que continúa sin resolverse.

 Y siguiendo con el símil de las campanas, como John Donne escribió que; nunca preguntáramos por quién doblan las campanas, porque doblan por todos nosotros. En este caso su silencio también es por todos nosotros.

 En Alhama quizá haya llegado el momento de formular una pregunta diferente; ¿Por qué ya no doblan? Y, sobre todo, ¿Cuánto tiempo más piensa permitirse que sigan calladas? Porque con las administraciones que tenemos puede acabar como la de las Angustias o la ermita de Los Remedios, de la que hablamos el otro día.

Nota: La fotos corresponden al campanario de nuestra parroquia, y se tomaron precisamente cuando se estaba haciendo la obra que, al perecer, ha provocado todo esto.

Radio Alhama en Internet - RAi

Vídeo didáctico-narrativo

 

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