Adiós a las armas

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    Todos los diarios digitales recogen de última hora el anuncio de ETA de que va a desarmarse totalmente el próximo 8 de abril.

     Me parece que la noticia merece una mirada, no por el hecho en sí de que la banda terrorista vaya a dar información sobre sus pocos zulos para entregar el resto de armas y explosivos que le quedan, al decir de las autoridades policiales francesas, sino porque esta definitiva victoria sobre el terrorismo separatista vasco se ha producido por el unánime criterio de todos los españoles y vascos de buena fe, de que, a ETA, ni agua.

     Ha sido el acuerdo común de todas las fuerzas políticas con alguna idea razonable en el magín, el que ha posibilitado aislar definitivamente a los pistoleros de esta banda, conjuntamente con el trabajo policial y de información de todos los elementos implicados en la lucha antiterrorista de todos los gobiernos del PSOE y del PP que de ello han tenido que ocuparse. Es una muy buena noticia, esperada, por otra parte, desde el anuncio de la última tregua indefinida.

     Lo que me lleva a preguntarme si no sería hora de que ese común acuerdo se llevase también a otros temas no menos importantes como son los problemas reales de la gente real, que no es culpable de la crisis pero que sufre las consecuencias de la misma. Estoy de acuerdo con que el congreso legisle en contra de cortar las orejas y los rabos a los perros y las uñas a los gatos, pero esperaría idéntica preocupación por los recortes en gastos de sanidad o educación, por ejemplo, o incluso me gustaría que se legislase con un amplísimo consenso sobre la medidas a adoptar para garantizar que agua y luz no pudiesen ser cortadas a gente que no puede pagarlas por culpa de una crisis que no ha provocado, si no que más bien han provocado gentes no muy alejadas del poder económico y político con asiento en consejos de ministros, consejos de grandes bancos y de grandes empresas relacionadas con la energía. No estoy proponiendo el gratis total que podría afectar los resultados de esas empresas, sino algo de sensibilidad de parte de ellas hacia la gente que lo necesita puntualmente. Igual mata una bala de 9 mm parabellum FN, o un coche bomba, que el frío; y ahí están las muertes, pocas, por fortuna, de gente que ha muerto por alumbrarse con una vela.

     Y si no mata el paro, tampoco deja vivir el subempleo, los contratos basura, los sueldos minimalistas y otras condiciones de trabajo que hacen que no es que sea difícil, si no que sea directamente imposible hacer un mínimo proyecto de vida a largo plazo cuando te contratan por semanas o incluso por horas. Y sin embargo todas estas situaciones se suceden sin que a parte de algunos pocos perjudicados el resto de la sociedad y los partidos políticos se pongan de acuerdo para al menos intentar solucionar estos problemas de una forma definitiva y total.

     Y si no se puede, si es que realmente no se puede garantizar a todos unas condiciones de vida dignas, que lo digan de una buena vez, que lo digan de una puta vez y dejen de marear la perdiz con parches y soluciones temporales, trabajos temporales, planes temporales y, sobre todo, anunciando que vivimos en el el mejor de los mundos posibles, que la economía marcha bien. Ya sabemos que la economía de las grandes empresas marcha bien y nos congratulamos de que así sea, pero también esperamos que las personas que no son políticos, altos cargos, consejeros de consejos de administración y otras semejantes puedan vivir de la manera que les garantiza una constitución que parece servir de poco, de muy poco a la hora de legislar.

     ETA hace tiempo que no mata gracias al aislamiento con que la sociedad supo protegerse de ella, ya va siendo hora de que partidos, instituciones, ciudadanía y animales, si tienen derechos, también debemos exigirles responsabilidades y obligaciones se pongan de acuerdo, nos pongamos de acuerdo para idear la forma de alcanzar que todos, incluidos las personas, tengamos no sólo el derecho, que eso no se lo niega nadie, si no la posibilidad real de poder vivir razonablemente tranquilos, con sus necesidades básicas cubiertas gracias a su trabajo y esfuerzo, y con sus hospitales, metros, autobuses, trenes , gracias a los impuestos. Porque esta es otra: El terrorismo fiscal, también mata.

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