Luna llena, invisibles son los hilos que manejas. Ruta nocturna de agosto del 16

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 Entrando al camino que nos desviaba del que baja hacia la cortijada de Torresolana, ella, la luna, nos envolvió en ese halo al que cantaba Víctor Manuel en su hermosa canción de principios de los ochenta del pasado siglo a la luna de luz plateada que inundaba los campos hasta el infinito.

La “verea” de las botas mojadas

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 El pasado verano el del año 2012, en una de esas mañana tediosas de calor sofocante, mi primo Moisés Uriarte Eizaguirre , vasco de nacimiento, como podéis comprobar por sus apellidos, aunque ya lleva entre los jameños, en sus veranos casi treinta años visitándonos, con lo cual ya es jameño pero veraniego, claro y por supuesto un servidor, dispusimos partir hacia el paraje de La Resinera para aventurarnos por el cauce de un rio con un nombre que sabe a humor castizo y que siempre en ese recorrido quisimos saber el porqué de llamarse Río Cebollón, posiblemente se refiera dicho nombre a la cantidad de plantas, parecidas a los bulbos de las cebollas que crecen a lo largo de su serpenteante vereda que se sigue a la izquierda de su cauce en dirección hacia su nacimiento.