Exceso de información



Un poco de calma, sosiego, no querer ser los primeros en informar y, sobre todo contrastar.

 Parecen normas sencillas, fáciles de cumplir para todos cuantos informan y opinan tanto en medios públicos como privados. Y, sin embargo, basta con repasar la prensa diaria para darnos cuenta de que el deseo de adelantarse a los demás hace que algunos que deberían ser los primeros en cerciorarse de que aquello que van a publicar es cierto, acaben dando por resultado desinformación, unas veces involuntaria y otras, me temo, voluntaria y, por ello malintencionada. No me refiero ahora a ningún caso en concreto, pero el lector habitual de este medio puede, seguro, recordar alguno no muy lejano en el tiempo.

 Creo que los que escribimos y publicamos tenemos la responsabilidad de informar verazmente, para lo cual es indispensable previamente informarse. Parece algo tan obvio que ni siquiera habría que comentarlo. Pero todos conocemos casos de gente que dice y escribe casi lo primero que le viene a la cabeza, que no me parece mal siempre que con tus ocurrencias no perjudiques a terceros, y esto es mucho peor, contribuyas a crear confusión, a divulgar noticias falsas y a asustar e irritar a un pueblo como el español que ya anda de por si bastante asustado y encabronado desde antiguo.

 Y el aislamiento social obligatorio al que nos fuerzan las circunstancias, el sentido común y las leyes, hace que al estar encerrados en casa con toda la familia y lejos de nuestras rutinas habituales (el cafelito con el periódico por la mañana en el bar, la cervecita al concluir la jornada antes de ir a casa, un largo paseo...o lo que a usted más le apetecía hacer), todo ello hace que seamos más susceptibles, que nos irritemos más. También es cierto que está aflorando el lado más solidario de cada cual: Esa pareja de la Benemérita pagando de su bolsillo un carro de la compra a una familia necesitada, esos vecinos que comparten su arte o sus conocimientos, a título gratuito, sin ir más lejos la psicológica Vanesa Ruiz Pinos, recientemente y en esta misma página digital. Me quedo en casa y me quedo con esa gente que ha decidido regalar su tiempo, sus conocimientos o su arte a los demás para hacer que esta situación sea lo más llevadera posible.



En cuanto a los que buscan confundir, alarmar, o, directamente sacar tajada económica o rentabilidad política en estos momentos, se definen con su comportamiento como lo que son. Que no voy a ser yo el que los califique

 Y cuando esto pase ya tendré tiempo de escribir y decir todo lo que ahora pienso pero que por responsabilidad y coherencia no digo, porque sigo creyendo que no es el momento de echar a a nadie nada en cara si no el de tratar de sosegar y calmarnos todos para hacer frente a esta situación que empeora día a día.

 Mucho cuidado con lo que se lee, con lo que se oye en según qué programas televisivos y medios sociales. Recordemos que esa tendencia a decir lo primero que se nos ocurra para llamar la atención o tal vez por incurrir en errores involuntarios por las prisas, en materia de salud puede ser peligroso, muy peligroso.

 Y, como casi siempre un largo aplauso para todos los que están haciendo todo lo posible porque de esta situación salgamos con bien: Personal sanitario de todo tipo, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, personal de la Unidad Militar de Emergencias, trabajadores de servicios esenciales que cada día garantizan que tengamos pan, y algo con lo que acompañarlo. Y, en general a toda la buena gente de buena fe que hace lo que está en sus manos, lo poco o lo mucho que pueden, para hacer más llevadera esta etapa de aislamiento social involuntario que nos ha tocado vivir.

 Tal vez no seamos conscientes, pero, y cito al director de este medio “estamos haciendo historia y no nos damos cuenta”.




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