El porquerillo

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¿Qué edad tendría? ¿Diez años? Entonces ¿por qué no estaba en la escuela, estudiando, o en la placeta del pueblo con otros niños jugando?

El porquerillo

¿Qué habrá sido de él?
Ni siquiera recuerdo su nombre.
Pero sí que lo vi,
con su boina, su bolsa colgada
y un palo en la mano,
jugando a ser hombre.

¿Qué edad tendría? ¿Diez años?
Entonces ¿por qué no estaba
en la escuela, estudiando,
o en la placeta del pueblo
con otros niños jugando?

En casa son muchas bocas
y los ingresos, escasos.
Y él se siente muy hombre,
y él se siente importante
arreando la piara de cerdos,
con su boina, su bolsa colgada
y el palo en la mano.

Y cada mañana,
cuando aún en el cielo hay estrellas
y él duerme en su catre,
arropado con la áspera manta,
soñando, tal vez, con la escuela o los juegos,
una voz imperiosa,
la voz ronca del amo,
le grita con tono enfadado:
¡vamos niño!,
que ya es hora de echar la piara,
que el peón no se gana acostado.

Y, entre bromas de gañanes
y caricias de criadas,
se comerá, junto al fuego,
unas migas o unas papas;
para empezar, bien temprano,
como un hombre, su jornada.

Santa Cruz, marzo 2018
Luis Hinojosa D.

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