No sólo de pan vive el hombre

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Para adaptarse a los nuevos tiempos, “Alberto y Arias” no ha cesado de ampliar su gama de productos de bollería y pastelería.


Noviembre 2000.- En el número 7 de la calle Andalucía, de Santa Cruz del Comercio (555 habitantes) tienen su obrador los hermanos Juan Miguel y José Arias. Desde aquí parten diariamente sus productos a Moraleda de Zafayona y otras seis localidades de la comarca de Alhama (Buenavista, Valenzuela, Pantano de los Bermejales, Alhama, Jayena y Fornes).

Pero lo que comenzó siendo una panadería se parece cada vez más a una bollería-pastelería pues como nos contaba Juan Miguel “antes las tres o cuatro comidas del día las hacías con pan y ahora una como mucho”. Esto no significa que no sigan fabricando pan del que llegan a elaborar unas mil piezas diarias entre bollos, panes caseros, roscas y chapatas. Además ésta cantidad se ve incrementada con la llegada de vacaciones pues son muchos los emigrantes que retornan por estas fechas a sus pueblos y aprecian “el sabor del pan de su tierra, muy diferente al de lugar de donde vienen”. Y no sólo eso, sino que a su vuelta aprovechan para llevar estos productos para darlos a conocer en sus lugares de residencia. Así, Juan Miguel tiene constancia que los suyos han llegado a Palma de Mallorca, e incluso a Brasil y Bélgica.

No obstante, debido a la demanda creciente no cesan de aumentar su gama de productos de bollería y de pastelería, incluido el de tartas por encargo. Para los hermanos la jornada comienza a las seis de la madrugada con la preparación del reparto que se prolonga hasta las dos y media de la tarde. A las cinco comienzan de nuevo la fabricación de bollería y pastelería hasta las 9 ó 10 de la noche que se continúa con la elaboración del pan. Y así todos los días, en especial los jueves y viernes ya que los fines de semana aumenta considerablemente la demanda de bollería y pastelería. “La aceptación que han tenido por parte de la gente ha sido fabulosa. La confianza hacia nuestros productos hace que la clientela sea muy fiel”, apostilla Juan Miguel con un rictus de orgullo.

A continuación destaca la gran variedad de bollería (cruasanes, palmeras, tortas, bollos de aceite, empanadillas, ...) y de pastelería. Siempre están pensando en cómo abrir mercado y la clave de su éxito la expresan de la siguiente forma. “Hay que hacer las cosas con cariño y luego buscar la fórmula para que ese trabajo nunca se venga abajo. La intuición, querer ir a más, sentirnos orgullosos de lo que hemos sido capaces de hacer ha sido fundamental”. Para ello aprovechan cualquier indicación y aprovechan sus viajes para fijarse en los distintos productos con el fin de hacerlos ellos también. De hecho se muestran ufanos al afirmar que “en esto de la pastelería y bollería no hemos tenido nunca maestros”.

Esa intuición a la que antes aludían les ha llevado a fabricar gran cantidad de productos típicos relacionados con el calendario festivo de la comarca introduciendo algunas variantes que en ciertos casos les han valido felicitaciones. Por ejemplo, comienzan a ser muy populares sus roscones de Reyes en los que han sustituido la masa por hojaldre hasta el punto de señalar “que quien los prueba repite”. Así mismo, en el día de san Valentín han tenido mucha aceptación sus tartas con forma de corazón y el domingo de Pascua se cuentan por centenares los hornazos que distribuyen por toda la comarca.

Panaderos y pasteleros autodidactas

Juan Miguel Arias tuvo su primer contacto con el oficio de panadero en 1981. Fue en el Molino de Vega donde, junto con otros dos socios, decidieron montar una cooperativa dado que uno de ellos conocía esta profesión y los otros dos “la aprendieron sobre la marcha”. Tres años más tarde decidieron trasladarse a la calle Andalucía donde empezaron desde cero. Así nació “La Imperial” que ha estado funcionado hasta el pasado año en el que al marcharse uno de los socios quedaron sólo los dos hermanos. Éstos al tener que cambiar la denominación decidieron, en octubre del 1999, ponerle “Alberto y Arias”, en memoria de un hijo de Juan Miguel, tristemente fallecido cuatro años antes a los seis años de edad.

En la actualidad para la elaboración de sus productos utilizan dos hornos, uno de gasoil y otro de suelo refractario, éste último “por necesidad y por demanda pues hay gente que prefiere este tipo de pan más artesanal, una freidora, tren de laboreo (amasadora, divisora, cámara de reposo y formadora), batidora para las magdalenas y roscos, refrigerador de agua, bañadora de chocolate, laminadora para el hojaldre y cámara frigorífica”. La última inversión en maquinaria la realizaron en enero de 1998 cuando renovaron por completo el tren de laboreo. Se muestran orgullosos de su formación autodidacta pues afirman que “Lo que sabemos lo hemos aprendido por nosotros mismos, nunca hemos tenido a nadie que nos haya guiado, lo hemos aprendido a pulso”. Interrogados estos únicos panaderos de Santa Cruz sobre un posible eslogan de su negocio afirmaron que éste podría ser “calidad y buen servicio”.



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