La risoterapia del centro de mayores



El centro de participación activa de mayores de Alhama arrancó las carcajadas del público, una vez más, en esta ocasión con la obra “El misterio del afilador fantasma”.


 La obra de José Cedena “El misterio del afilador fantasma” interpretada por el elenco del centro de mayores, hizo pasar una más que buena noche al respetable que ocupaba todas las localidades del Patio del Carmen el pasado viernes 14 de agosto. El recurrente pito del afilador, con esa musiquilla que todos los de cierta edad recordamos, la irrupción de personajes que forma parte del recuerdo de la vida de los pueblos, y dos chismosas, muy chismosas, forman el entramado en el que el autor crea una obra eficaz para hacer reír, mucho, a los espectadores.

 Ambientada en los años cincuenta o sesenta en cualquier pueblo rural del interior, la figura de ese afilador, supuesto asesino de chismosas, es la principal protagonista de una obra de enorme comicidad, comicidad a la que colaboran los silleros y canasteros gitanos, el lañero, la tostadora de garbanzos, el pregonero, el sereno y otros personajes que forman parte ya del recuerdo colectivo de nuestros pueblos y que ya han desaparecido. Las que no han desaparecido son las chismosas, de esas que salen al fresquito a ver y contar lo que ven y que son parte esencial de una obra concebida de principio a fin para arrancar risas y carcajadas del espectador.

 José Cedena, su autor, se confiesa un autor del pueblo y para el pueblo, reside en un pueblo manchego de poco más de dos mil habitantes, de modo que es de suponer que los personajes a los que dan vida los mayores del nuestro, son, de algún modo, paisanos suyos. Puede decir que de algunos de los personajes de la obra pude poner nombre o alguna circunstancia de sus homónimos de Alhama. Pretende el autor hacer reír, nada más, pero tampoco nada menos; la risoterapia consigue a veces mayores efectos sobre el buen ánimo que las medicinas de farmacia y es de agradecer que los actores del centro de mayores, supervisados y dirigidos por Blanca Peula Recio nos ofreciesen abundantes dosis de sonrisas, risas y carcajadas, que buena falta nos hace reírnos y reírnos de nosotros mismos, que en el fondo es, creo, la estrategia que propone el autor de esta comedia: Ser capaces de ver nuestro pasado más inmediato con la visión no de la nostalgia sino desde la capacidad de reírnos de ese pasado nuestro, de esa parte de nuestra historia en la cual canasteros, silleros y lañeros eran necesarios.

 El público, que en su mayor parte era de la generación que vivió esa época, supo reírse de sí mismo y disfrutó, río con las interpretaciones y con las cómicas situaciones que provoca ese silbido del afilador y las frecuentes discusiones entre dos vecinas muy, pero que muy, chismosas y deslenguadas.
















Redacción gráfica: Prudencio Gordo.