Animaladas



 Todo el mundo entiende que una animalada es algo salvaje y cruel que únicamente un humano puede hacer.


 Cada animal en su hábitat se comporta tal y como su instinto le indica y sólo el animal humano es capaz de sustituir el instinto por la cultura que, por ejemplo, nos enseña que el respeto a otros animales de nuestra especie o de otras especies es conveniente por razones de convivencia, incluso egoístas. Es cierto que somos una de las especies más crueles que existen, pero también lo es que esa crueldad está atemperada por la cultura. Por lo general no matamos masivamente a nuestros semejantes, las guerras son cuestiones aparte, ni nos dedicamos a matar animales, salvo en el caso de los que nos comemos o en el de la caza o en contados casos, como el del que aparece en la prensa de estos días, del condenado a ocho meses de prisión por matar a palos a su caballo por perder una carrera. Nada más lejos de mi ánimo que criticar la actuación de quien ordenó su ingreso en prisión, pero sí creo que quien es capaz de matar a un ser vivo por un estado colérico de frustración no es un delincuente si no un enfermo y merece terapia más que trena.

 Es cierto que la razón que se aduce, la de que hay que ser ejemplares contra el maltrato animal parece razonable, pero en mi opinión hay mucha más gente que está fuera y merece estar dentro. Y todos más o menos sabemos quiénes son.

 Sabido es que toda virtud llevada al exceso puede convertirse en defecto y otro tanto pasa con el respeto y amor a las animales, que de ser una virtud, puede, llevada a sus extremos llegar a ser todo lo contrario, es decir un vicio. Respeto y admiro a quien colabora en el acogimiento de animales callejeros para proporcionarles un hábitat mejorado en el que vivir y considero que todos los seres vivos son merecedores de respeto, pero no puedo estar de acuerdo con algunas de las propuestas de los animalistas, como las de prohibir todos los espectáculos taurinos, o la caza, porque eso entra de lleno en la imposición de una forma de pensar a todo el mundo, lo cual es, a mi modo de ver, una forma de fundamentalismo, que es cualquier exigencia de sometimiento. No soy aficionado a la tauromaquia, pero es una opción personal que no hago extensible a todo el mundo y creo que la persuasión y la sosegada argumentación son más eficaces que la prohibición o el enfrentamiento directo con quienes disfrutan de la tauromaquia. No soy partidario de prohibir, tal vez por haber vivido en una España en la cual las prohibiciones era la norma y las libertades la excepción. Si estoy en cambio de acuerdo con la idea de convertir los zoológicos en santuarios para animales, en el caso de aquellos que no puedan ser devueltos a sus espacios naturales, sobre todo por que creo que, además de resolver la situación de los animales, crearía nuevos puestos de trabajo.

 Por otra parte, de Ortega y Gasset aprendí que nadie tiene toda la razón, que nadie puede captar la totalidad de la realidad y que por tanto, todos somos necesarios para alcanzar ese conocimiento de la realidad, y para llegar al consenso son necesarias todas las opiniones, a partir de las cuales pueda surgir el acuerdo que satisfaga a la mayoría, que a fin de cuentas es el ser último de la democracia.

 Pero en cualquier caso me considero fundamentalmente humanista porque entiendo y creo que hay todavía muchas injusticias que solventar entre los seres humanos para llegar al modelo de sociedad a la que aspiro, una sociedad en la cual todos los seres humanos puedan disfrutar de los recursos necesarios para vivir del modo que quieran y desarrollando todas sus potencialidades. Por supuesto que en esta sociedad tienen cabida los animales y la protección de los mismos contra las prácticas abusivas o crueles de los seres humanos. Pero antes hay que dar de comer a todos los niños, mujeres y hombres, de todos los países de África antes de poner el grito en el cielo por la muerte de un león a manos de un cazador, por ejemplo.

 Por otra parte insisto en que es la persuasión, la educación desde la escuela en valores de respeto a todos los seres vivos las que harán que esa sociedad en la que sueño algún día se pueda conseguir. Porque es desde la escuela desde donde se crean las mujeres y hombres del futuro y a ellos les competerá hacer del mundo que nosotros les vamos a dejar un lugar algo mejor que el que heredaron. Insisto, educar, convencer, persuadir, pero pocas veces prohibir. A fin de cuentas a veces lo prohibido es precisamente lo más apetecido.